American History X ★★

Dirección: Tony Kaye
Guion: David McKenna
Intérpretes: Edward Norton, Edward Furlong, Fairuza Balk, Stacy Keach, Elliott Gould, Avery Brooks, Beverly D’Angelo, Jennifer Lien, Guy Torry, Ethan Suplee, Keram Malicki-Sánchez

Resulta imprescindible, sobre todo cuando nos enfrentamos a un filme famoso y que posee un buen número de admiradores, preguntarse el por qué y el para qué de esa película, porque muchas veces esos filmes que han convencido y han persuadido a un sinnúmero de espectadores no resultan tan sólidos ni tan impresionantes en cuanto se empieza a tirar del hilo de la madeja que lo arma, y se descubren sus aristas y oquedades con gran facilidad, y de pronto lo que parecía sólido y rotundo es frágil y mellifluo, y lo que en un visionado superficial parece querer decirte algo importante en realidad no es más que un cuento para niños con poco cine dentro. Tal cosa sucede con muchas películas que han conocido un gran éxito y respaldo por parte del público y quizá también ciertos sectores de la crítica, y es lo que sucede con un filme tan ambicioso, en lo temático, narrativo y conceptual como ‘American History X’ (1998), del director de vídeos musicales Tony Kaye.

Cuenta esta película la historia de un neonazi, Derek (Edward Norton), y de su hermano pequeño Daniel (Edward Furlong), que lo idolatra a pesar de ser un monstruo que ahora está en la cárcel. La película se estructura a partir del trabajo que el hermano pequeño ha de realizar para clase, a petición del afroamericano director del instituto, sobre las razones que llevaron a Derek a acabar en la cárcel y como reflexión acerca del odio y la violencia. Se articula así una narración en paralelo entre el presente y el pasado en la que seremos testigos de cómo el dolor por la pérdida de su padre (un hombre violento y racista) lleva a Derek a llenarse de odio y a convertirse en un asesino, pero luego, en la cárcel, de cómo su relación obligada con un hombre negro le hace volver a cambiar y darse cuenta de sus errores. El filme trata de ser por tanto una película de denuncia y casi una fábula en la que el personaje central conoce una revelación que le hará darse cuenta de las atrocidades que ha cometido.

Hay que reconocer que Edward Norton está muy bien en este papel hecho a su medida, pero es imposible no ver en él un fingimiento: el de un intérprete muy dotado pero también muy astuto que encuentra aquí un papel-bombón en el que poder lucirse, haciendo casi una imitación (a la manera de DiCaprio) de los gestos y las técnicas de Robert De Niro. Su trabajo es bueno, sin duda, pero más parece todo un vehículo para su lucimiento, tanto suyo como este director de carrera más bien mediocre y poco destacable, que una historia sentida en la que se intente llegar al fondo de cuestiones tan oscuras y complejas como el odio, la violencia, el racismo y las ideologías neonazis. Kaye filma con buen tino y sabiendo bien lo que hace y lo que quiere, recurriendo a un blanco y negro eficaz (a la manera de un Oliver Stone) para narrar los episodios del pasado, sabiendo que se meterá al público en el bolsillo con secuencias tan crudas o espectaculares como las del asesinato de los dos muchachos negros o la partida de baloncesto, pero falla estrepitosamente a la hora de ir al núcleo del asunto.

Y el núcleo no era otro que el momento en que este animal descerebrado por fin toma conciencia de sus actos, se mira a sí mismo y consigue operar un cambio trascendental: dejar de odiar y convertirse en un ser humano. ¿Y cómo nos muestra ese momento el director? Con una simple escena en la que Derek se ríe por las gracietas que le hace un hombre negro. Es en ese momento donde se revela la fragilidad y la arbitrariedad de esta película, un relato que al menos tiene la decencia de acabar mal, con un tono trágico bastante impostado pero lo suficientemente duro como para no terminar siendo un videoclip más en toda regla. Pero el momento de la revelación, del cambio interior de Derek, adolece de una anemia narrativa, de una sepsis de tendenciosidad, que terminan por herir casi de muerte esta gran historia americana que también pretende serlo incluso en el título.

Este es un filme demasiado fácil para Norton (como casi todos los que ha hecho) y es una película que queda a la sombra de otras verdaderamente grandes de esa década y de las posteriores, que demuestran cómo se hace verdadero buen cine. Es un buen intento, pero fracasado, que se salva por su buena factura visual, por su historia bienintencionada y por Norton. Poco más que añadir a un título enormemente sobrevalorado.

Puntuación final: 5,5

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