Los Soprano (The Sopranos) ★★★★★

Años de emisión:1999-2007
Creador: David Chase
Intérpretes: James Gandolfini, Edie Falco, Lorraine Bracco, Michael Imperioli, Tony Sirico, Aida Turturro, Dominic Chianese, Jamie-Lynn Sigler, Steve Van Zandt, Drea de Matteo, Steve Schirripa, Nancy Marchand, Dan Grimaldi, Joseph R. Gannascoli, Federico Castelluccio, Steve Buscemi, Joe Pantoliano, John Ventimiglia, Sharon Angela, Robert Iler, Frank Vincent, Vincent Pastore, Kathrine Narducci, David Proval, Peter Bogdanovich, Jerry Adler, Jason Cerbone, Vincent Curatola, Ray Abruzzo, Arthur J. Nascarella, Paul Schulze, Richard Portnow, David Margulies, Karen Young, Alla Kliouka Schaffer, Angelo Massagli, Annabella Sciorra, Danielle Di Vecchio, Denise Borino-Quinn, Frank Santorelli, Frankie Valli, George Loros, Greg Antonacci, John Fiore, John Heard, Joseph Badalucco Jr., Lillo Brancato, Lola Glaudini, Tony Lip, Louis Lombardi, Matt Servitto, Oksana Lada, Toni Kalem, Paul Herman, Robert Funaro, Max Casella, Peter Riegert, Tony Darrow, Ari Graynor, Cara Buono

Cuando allá por 1999, en Estados Unidos (pues no era como ahora, que las series se estrenan de manera global en todo el mundo, o casi…), los críticos estadounidenses, nunca sospechosos, ni los cinematográficos ni los literarios, de merecer estar entre los más influyentes, empezaron a decir que ‘Los Soprano’, la serie que se había estrenado dos meses antes, era «el acontecimiento cultural del último cuarto de siglo», algunos pensamos que una vez más ese sector estaba exagerando a propósito, y estaba sobrevalorando brutalmente una serie que aún no habíamos visto, pero que era imposible saber, con unos pocos episodios, que fuera a convertirse en tal cosa. Varios años después pudimos verla, por fin entera, desde el primer episodio hasta el número ochenta y seis, y algunos nos quedamos perplejos porque por una vez habían acertado, y viéndolo en retrospectiva, es decir, volviendo a ver la serie desde el principio, te das cuenta de que en efecto, de que estaba claro de que esta serie era algo único, un verdadero hito generacional una década antes de que títulos como ‘Juego de tronos’ cambiasen las reglas del juego en una sociedad mucho más interconectada que antes, lo que en sí ya representa un mérito enorme. Había nacido una serie legendaria, que puso el listón demasiado alto para todas las demás.

David Chase era uno de esos productores televisivos y guionistas todoterreno, y también ocasional director, cuyo objetivo inicial era crear una serie sobre su relación con su propia madre, y enmarcada en los bajos fondos de Nueva Jersey que él tan bien conoce. Para ello, el punto de partida se centraba en un gángster, un capo importante, que acudía a una terapeuta a contarle sus problemas de ansiedad con su trabajo y especialmente con su madre (algo que guarda demasiadas similitudes con el filme ‘Una terapia peligrosa’ (‘Analyze This’), de Harold Ramis, también del mismo año). Fue HBO la que finalmente apostó por Chase y su proyecto en lo que podríamos llamar la primera etapa de esplendor de la mejor cadena de televisión estadounidense de su historia (con títulos como ‘Six Feet Under’, ‘Deadwood’, ‘The Wire’…), y la que produjo las seis temporadas de la serie, la última de ellas doble, que contaban la historia de Tony Soprano, de su familia y de su organización mafiosa, la más poderosa de Nueva Jersey, con alrededor de veinte personajes principales y un medio centenar de secundarios o episódicos, con los que Chase y su equipo se adentraban no sólo en la estructura de la mafia de Estados Unidos, sino que lograban una despiadada radiografía del capitalismo salvaje y la corrupción sin límites de ese país, además de uno de los más feroces retratos de la naturaleza humana que se recuerdan. ‘Los Soprano’ es, ante todo, una crónica del triunfo de las más bajas pulsiones, y del fracaso del «sueño americano», probablemente la visión más sombría de la sociedad moderna y occidental que nos ha dado una serie de televisión.

El aspecto más notable de esta serie, en un primer término, es el modo en que Chase asume las enormes influencias de Scorsese y de Coppola, no solamente en el material argumental sino sobre todo en el material narrativo, en la manera de contar este argumento, esta historia. Y aunque pudiera parecer que el influjo de Scorsese es mucho mayor en sus imágenes (concretamente en el caso de ‘Goodfellas’), se percibe en el tratamiento de sus personajes, en el sentido trágico de la historia, una voz heredera con dignidad y persuasión de la voz y la mirada desplegada en la trilogía ‘El padrino’. En lo tocante a Scorsese, Chase comparte con el genio neoyorquino su fascinación y conocimiento de las entrañas y los códigos de la mafia italoamericana, hasta el punto de ‘Los Soprano’ comparte con ‘Malas calles’, ‘Goodfellas’ y ‘Casino’, y va desarrollando en la serie una apasionante entramado de relaciones de poder mezcladas, siempre, con relaciones personales o familiares, con lealtades siempre frágiles y con traiciones o dolorosas decepciones personales, una complejísima red de caracteres sobre la que se sitúa, en la cúspide, un Tony Soprano que hasta la segunda temporada no alcanza la cima, en detrimento de su tío Junior, y que obtiene su reflejo en las relaciones de poder y de rutina de las fuerzas de la ley y representantes públicos. Y en lo tocante a Coppola, Chase construye a su gran personaje, Tony Soprano, siempre teniendo en la recámara a Michael Corleone, de manera completamente inevitable por otro lado, armando uno de los personajes televisivos y audiovisuales más importantes de todos los tiempos, en cuya fuerza es necesario detenerse por unos momentos.

Tony Soprano, un imperial James Gandolfini en el papel de su vida, que en lugar de interpretar este rol parece haber nacido para él, posee tanta humanidad y tan desaforada que caben en él, como en Homer Simpson (sin duda su reflejo en el espejo de la comedia), todos los defectos masculinos que puedan encontrarse: violencia, machismo, homofobia, dominancia, egoísmo salvaje, devoción de amor mal expresado, dependencia tóxica y nunca reconocida al sexo femenino, ansia de poder, gusto por la adrenalina, salvajismo, melancolía incurable, adicción al sexo y al alcohol, puritanismo hipócrita, envidia, gula, soberbia… Es virtualmente increíble la cantidad de taras y carencias que puede albergar, y sin embargo es un hombre que ama de forma abierta e incluso obvia a su familia, que intenta enmendar sus errores, que sufre increíblemente ante el rechazo de su tío Junior (extraordinario Dominic Chianese), que consiente hasta lo patológico a su mujer Carmela (una asombrosa Edie Falco), que intenta educar y convertir en un buen jefe a su sobrino/primo Christopher Moltisanti (maravilloso Michael Imperioli), y que a pesar de conducirse casi siempre en base a sus más bajos instintos, posee un corazón que tiende hacia lo compasivo, lo que se manifiesta con los más débiles… a los que ofrece unas pocas migajas que para él son un enorme esfuerzo. Tony Soprano es un deforme Michael Corleone, que posee algo de su genio estratégico y toneladas de su gélida crueldad. Y lo peor de todo es que él lo sabe, y las alusiones de la serie a la obra maestra de Coppola (tal vez la cima del cine estadounidense en toda su historia) no pueden ser más inteligentes, cáusticas y destructivas. Este personaje es un triunfo que se admirará durante décadas.

Y resulta hasta obvio afirmar que todos los actores, del primero al último, están soberbios, lo que hace aún más grande a Gandolfini, que se ve enriquecido por la presencia de los ya nombrados y de todos los demás, que configuran un mosaico cercano a lo terrorífico. Porque Tony Soprano es terrible, pero sus secuaces, sus adversarios, y sus familiares lo son mucho más. Chase nos obliga a presenciar sus desventuras y a empatizar con algunos de los elementos más despreciables de la sociedad, y le odiamos por ello. Si ‘Los Soprano’ es la visión más sombría que se conoce de la sociedad moderna es porque como espectadores tenemos que lidiar, capítulo a capítulo, con algunos de los caracteres más abyectos, rastreros y miserables que imaginar quepa. Pero sucede que nos entrega episodio magistral tras episodio magistral, en temporadas que van superando a la anterior una tras otra, narrados con una elegancia y una sutilidad que es verlo para creerlo, y que pide un segundo, un tercer y un cuarto visionado para capturar la carga de profundidad que poseen muchas de sus imágenes. Chase, sabiendo que esta iba a ser su obra maestra, logra aunar esfuerzos de su magnífico equipo de directores y guionistas para crear algo muy difícil de superar: una tragedia en la que un hombre que es un fracaso como padre y marido, un muerto andante como capo mafioso, sabiendo que su fin puede ser inminente, que su ingreso en la cárcel puede suceder en cualquier momento, vive al día, siempre al filo de la navaja, en un frenesí constante de dinero, lujuria y poder, sin poder confiar jamás en nadie, ni en sí mismo. Y es en ese frenesí, en esa agitación psicológica extrema, donde se mueve sin pausa esta catedral de la televisión y el cine.

La herida que deja esta serie en el espectador es profunda y duradera. A medida que nos acercamos al final, en la quinta y sexta temporada, se adueña de la imagen, de la puesta en escena, de la dirección de actores, incluso del tempo, una sensación de vacío, de nihilismo, difícilmente descriptible. Es la sensación del fin de todo, de la inutilidad de la existencia. ‘Los Soprano’ deja de ser psicológica para volverse filosófica, incluso lírica. Los personajes presienten su ocaso. Es por eso que la imagen final de la serie, tan comentada y en algunos sectores cuestionada, es el cierre perfecto, la imagen definitiva de una ficción ya legendaria, con la que se van a ver obligados a medirse los creadores de series durante las próximas décadas, siempre resignados a perder.

Puntuación final: 10

4 comentarios sobre “Los Soprano (The Sopranos) ★★★★★

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