Aliens ★★★★★

Dirección: James Cameron
Guion: James Cameron
Intérpretes: Sigourney Weaver, Paul Reiser, Lance Henriksen, Michael Biehn, Bill Paxton, Carrie Henn, William Hope, Jenette Goldstein, Al Matthews, Mark Rolston, Ricco Ross

Hay secuelas o segundas partes que son inevitables. Después de que en 1979 el mundo entero se quedara impactado y aterrorizado con ‘Alien’, la segunda película de Ridley Scott tras su interesante, aunque algo fatua, ‘Los duelistas’ (‘The Duellists’, 1977), la pregunta que sobrevolaba el ambiente cinéfilo era: ¿para cuándo la segunda parte? ¿La haría de nuevo Ridley Scott? ¿Sería tan impresionante como la primera? Hay que reconocer que la película inicial es una de las mejores de la errática, sobrevalorada y extraña carrera de Scott, más preocupado siempre por lo superficial que por el fondo de sus obras. Muy influido por Stanley Kubrick, principalmente por su ‘2001: A Space Odissey’ (1968), Scott firmó una ópera de terror de ritmo perfecto y personajes algo planos, que bien podría haber sido emplazada en un castillo medieval del que no hubiera salida y en el que los personajes compartieran espacio con el monstruo que los va devorando. Moebius y H.R. Giger le echaron una mano a Scott para crear ese ambiente de pesadilla y esa memorable criatura que es una de las más espeluznantes de la historia del cine. Pero, ocupado en otros proyectos, Scott no quiso hacer la segunda parte, y los productores le echaron el ojo a un canadiense del que no se había estrenado todavía su verdadero debut.

Fue también, por tanto, la segunda película de James Cameron como director, que se vio forzado a alterar sustancialmente un proyecto anterior a ser contratado que iba a llamarse ‘Madre’, también de sci-fi. En realidad, Cameron escribió al mismo tiempo (durante 3 meses frenéticos), los guiones de ‘Terminator’ (que filmó inmediatamente antes de ‘Aliens’), el de esta película y el de la segunda parte de ‘First Blood’, que aquí se había titulado ‘Acorralado’. No estaba en sus planes dirigirla, pero los productores, en cuanto leyeron el material, se quedaron tan convencidos de que él era la persona idónea, que no les importó entregar los mandos a este casi recién llegado que parecía tener las cosas más claras, y mucha más preparación, que la mayoría de realizadores que conocían. Así nació esta segunda parte, con un rodaje de infarto en el que los técnicos británicos casi montan una huelga por las maratonianas sesiones de trabajo, en el que Cameron hizo de todo menos amigos y se ganó ya el odio de buena parte de sus colaboradores, y en el que el director manejó un presupuesto bastante más holgado (aunque sin grandes lujos…) que el paupérrimo para su primer largo.

Lo que se manifestó en el rodaje (el equipo británico dudando de la capacidad de ese canadiense de poder hacerlo tan bien como Scott), y en su estreno con el público pensando exactamente lo mismo, se ha transformado a lo largo de los años en muchos sectores de la crítica y el público hasta considerar a este filme no solamente una digna segunda parte de ese título mítico, sino una conquista incluso superior. Ciertamente, parece forzoso considerarlo así, porque el filme de Cameron llega mucho más lejos que el de Scott en prácticamente todo, salvo en el increíble sentido de la atmósfera del británico (quizá su mayor virtud como cineasta). Pero mientras los personajes de la primera eran esbozos, aquí están mucho mejor dibujados; mientras la misma criatura era también un esbozo, aquí se elabora toda una especie casi competidora del ser humano en inteligencia y por los mismos recursos y el mismo espacio, y lo que allí era sólo una excusa sci-fi, aquí es un relato rotundo del género, hasta el punto de convertirse en un hito de parecida envergadura al que fue ‘Terminator’ dos años antes, por la sencilla razón de que a Cameron le interesa mucho más ese marco genérico, y supo aprovechar al máximo el potencial de la primera parte.

Comenzamos donde lo habíamos dejado, con Ripley, única superviviente de la nave de cargo Nostromo (siempre Conrad en la recámara…) vagando a la deriva por el espacio, hibernando en compañía de su gato Jonesy, tras haberse librado de milagro de la criatura que aniquiló sistemáticamente al resto de la tripulación. Nada menos que cincuenta y cuatro años después la recogen y la llevan a una estación espacial cercana a la Tierra. El comienzo de la película no puede ser más brillante: creemos que vemos su despertar y que le comunican el tiempo transcurrido en presente, pero en realidad es un sueño de ella…que concluye como una pesadilla, pues siente que otro alien está a punto de reventarle el pecho. De esta forma tan notable Cameron nos presenta el impacto de haber perdido a sus seres queridos y el trauma de haber sobrevivido a su pesadilla. Pero no quedará todo ahí: nadie cree su historia, y la compañía alega que no está en sus cabales y le hacen responsable de la pérdida de la nave. Muy pronto, sin embargo, le pedirán que vuelva a aquel lejano y hostil planeta, porque han perdido contacto con los colonos que trabajan allí para «terraformarla».

Ripley, interpretada con una fuerza indescriptible por esa gran actriz que siempre ha sido Sigourney Weaver, se convierte así en una prima no muy lejana de la Sarah Connor de ‘Terminator’, otra mujer luchadora que tan bien sabe componer Cameron, que ya no es la joven asustada de la primera parte, sino una persona que pelea para vencer sus fantasmas y sus miedos, y que al conocer a la pequeña Newt (la única superviviente de la colonia…) casi efectuará una adopción emocional después de perder a su propia hija por las décadas que pasó vagando en el espacio, hasta el punto de que el relato deviene casi en el visceral retrato de dos madres enfrentadas (la reina alien y la propia Ripley) por la supervivencia de sus vástagos. A bordo de la Sulaco (de nuevo Conrad…) acompañará a un pelotón de marines con el objetivo de asesorarles, pero cuando todo salga mal y se vean atrapados en el planeta, Ripley se convertirá en la líder natural del grupo, algo que el espectador acepta como totalmente natural dado el carácter y la fortaleza del personaje y de la actriz que lo interpreta. ‘Aliens’ es por tanto la historia de Ripley y de su truncado instinto materno, antes que cualquier otra cosa.

Pero además es una afortunada mezcla genérica. Imposible no percibir el latido en estas imágenes de la reciente guerra de Vietnam, por lo que también es imposible no darse cuenta de que esto es un bélico en toda regla. Pero también es un western, un filme de frontera, un survival de manual en el que dos especies enfrentadas luchan por su supremacía. Y sin duda es uno de los más importantes sci-fi de todos los tiempos: el filme es un aviso, una especulación, sobre la colonización de mundos extraterrestres, es capaz de detallar con toda precisión el ciclo de vida del xenomorfo, y posee elementos tan interesantes como la terraformación y desliza la idea de cómo grandes conglomerados empresariales se hacen con patentes o con armas biológicas a costa del sufrimiento de sus propios empleados. Y Cameron hace todo esto con un sombrío tono de terror, quizá con un sentido de la atmósfera inferior al de Scott, pero con una sabia dosificación de la tensión narrativa. De hecho hasta pasada la hora de metraje, no tiene lugar la primera secuencia de acción y de muerte, y después habrá que esperar para llegar a la media hora final, todo un logro narrativo, en la que no hay un segundo de respiro. Asistiremos a una conclusión de infarto en la que Cameron no tiene piedad con sus personajes pero al mismo tiempo les concede una posibilidad de redención…

Para la historia quedan momentos increíbles, inefables, surgidos de puro instinto de director, tales como la emboscada de las criaturas a través del techo del complejo, seguida de la frenética persecución por los pasadizos del sistema de aire; o la trampa que Burke (magnífico Paul Reiser…) le tiende a Ripley con los «abrazacaras»; o el regreso de Ripley a la estación para salvar a Newt, dándose de bruces con la reina… Momentos para la historia del género, de un filme que se ve una y otra vez sin desmayo y que siempre asombra por la rotundidad con la que Cameron dirige a sus actores y crea caracteres creíbles con apenas dos trazos, por la emoción de ver a Ripley recuperando en Newt a su hija perdida, por la aventura infinita, inagotable, que supone este ‘Aliens’, otro hito en la breve pero apabullante filmografía del director canadiense, del que lamentamos que existan tan pocos títulos. Con ella Cameron confirmaba el talento narrativo, la originalidad y la mirada de su primer largo, y se convertía en un director estrella, capaz de manejar presupuestos ajustados, y de ofrecer un espectáculo inolvidable. Porque, digámoslo de una vez, ‘Aliens’ es una obra maestra inapelable, una de las mejores películas de acción y aventuras de la historia del cine, y un espectáculo de horror y de sci-fi como muy pocos han aparecido desde entonces.

Puntuación: 9,5

6 comentarios sobre “Aliens ★★★★★

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