La lista de Schindler (Schindler’s List) ★★★

Dirección: Steven Spielberg
Guion: Steven Zaillian (sobre la novela de Thomas Keneally)
Intérpretes: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Caroline Goodall, Jonathan Sagall, Embeth Davidtz, Norbert Weisser, Martin S. Bergmann, Mark Ivanir, Malgorzata Gebel, Shmuel Levy, Michael Schneider, Joachim Paul Assböck, Branko Lustig, Götz Otto

Steven Spielberg era ya una celebridad planetaria en 1992, veinte años después de su debut no oficial con ‘El diablo sobre ruedas’ (‘Duel’, 1971). Había dado luz ya a las tres películas iniciales de Indiana Jones, había arrasado en taquilla con ‘Tiburón’ (‘Jaws’, 1975), ‘Encuentros en la tercera fase’ (‘Close Encounters on the Third Kind’, 1977), y ‘E.T., el extraterrestre’ (‘E.T.: the Extra-Terrestrial’, 1982). Era no solo famoso, también inmensamente rico, tenía a la industria a sus pies y podía, fácilmente, sacar adelante cualquier proyecto que le viniera en gana. Pero aún le faltaba algo: el respeto profundo de la industria y de la crítica. Los sucesivos fiascos de ‘1941’ (1979), un intento de comedia clásica con ribetes de musical que fue un sonoro fracaso comercial, de ‘El color púrpura’ (‘The Color Purple’, 1985), un meritorio aunque algo melifluo intento de melodrama que recibió numerosas nominaciones a los Óscar de las que no materializó ninguno, o de ‘El imperio del sol’ (‘Empire of the Sun’, 1987), que bien podría haber dirigido su admirado David Lean y que no convenció a casi nadie, además de los fracasos críticos de ‘Always’ (1989) y ‘Hook’ (1991), le habían sido muy amargos. Necesitaba, de una vez por todas, demostrar(se) que era algo más que un director de éxito, necesitaba probar(se) que era un gran cineasta.

Y tal cosa le llegó con la oportunidad de dirigir la adaptación de ‘El arca de Schindler’, la más que interesante novela de Thomas Keneally sobre el Holocausto Judío, toda vez que Martin Scorsese declinó dirigirla para hacerse cargo, por su parte, de un proyecto de Spielberg, el remake de ‘El cabo del terror’ (que se estrenó en 1991). No era para menos, ya que él mismo era descendiente de judíos no ortodoxos, y el tema ofrecía la posibilidad a Spielberg de crear una gran superproducción con un marchamo inevitable de trascendencia y prestigio, hablando sobre uno de los temas más terribles, controvertidos y luctuosos de todo el siglo XX. El resto es historia del cine: gran éxito de taquilla, propios y extraños convencidos de una vez del talento del director, siete Oscar de la academia… Para muchos, este filme es el título definitivo sobre la masacre de los judíos por parte de los nazis, pero tal apreciación no es compartida, afortunadamente por todos, y en lo que respecta al autor de estas líneas, le es muy difícil suscribir esa idea cuando existen títulos muy superiores (por muchas razones que vamos a desgranar aquí) como ‘El pianista’, o el documental de nueve horas ‘Shoah’, de Claude Lanzmann, que es una obra monumental, esa sí, de la historia del cine. Precisamente Lanzmann dijo en más de una ocasión, que Spielberg no había reflexionado lo suficiente a la hora de hacer este filme, y esa sí es una idea que algunos podemos suscribir.

A grandes rasgos, ‘La lista de Schindler’ cuenta la historia de redención de Oskar Schindler, un astuto hombre de negocios que durante la primera mitad de la película se aprovecha de la barata mano de obra judía, casi esclavos del III Reich, para experimentar en la segunda mitad una suerte de transformación moral que le convertirá de explotador en salvador. No fue, por cierto, el único caso en que alguien salvó a miles de prisioneros de guerra civiles, judíos, gitanos o polacos, pero sí uno de los más notorios. Spielberg trata de ser lo más fiel posible a unos hechos históricos, y decide filmar su película en blanco y negro, con el neorrealismo, y más concretamente con ‘Alemania, año cero’ de Rossellini como referente visual directo. Pero no todo el filme será en blanco y negro, sino que contará con un prólogo y un epílogo en color, además de con el detalle rojo del abrigo de una niña en mitad de la monocromática masacre del gueto.

Desgraciadamente para Spielberg, pese a tan excelso referente, lo que en Rossellini era algo cercano a la perfección, en su ambiciosa película casi nunca deja de dar la sensación de ser una impostura, y la (por otro lado excelente) fotografía de Janusz Kaminski termina resultando una estilización demasiado cercana a lo esteticista en el sentido peyorativo de la palabra. Casi como si el Holocausto fuera una excusa para elaborar fastuosas imágenes de época que David Lean habría envidiado. El blanco y negro de este filme es tan bello, tan perfecto, tan portentoso en términos técnicos que acaba por eclipsar aquello que está narrando. Y este es el primer indicio de que Spielberg, por mucho que él, y otros, crean lo contrario, no entendió lo suficiente el material que tenía entre manos. Aquella famosa frase de que “el travelling es una cuestión de moral” se vuelve en este filme una dolorosa realidad, porque quizá iluminar y encuadrar primorosamente una masacre histórica no sea la mejor ni la más defendible de las ideas.

Spielberg alternará momentos realmente logrados con otros sin duda muy cuestionables. Lo que más sorprende es la falta de unidad estilística del conjunto. Y por estilístico me refiero, claro, a su manera de mirar y narrar antes que al esteticismo anteriormente aludido. De tal forma, el director nos narra el despiadado asesinato de una arquitecta judía por intentar hacer su trabajo, y lo hace de manera honesta y descarnada, sin florituras ni sentimentalismos, pero poco después narra otra ejecución, la del anciano y manco trabajador, de un modo muy distinto: recalcando tan horrible crimen, el cineasta no tendrá ningún pudor en componer un plano cenital perfecto, con la sangre empapando la nieve y el rostro del anciano mirando a cámara. Tal irregularidad estilística alcanzarà el paroxismo en la secuencia en que las trabajadoras judías de Schindler son llevadas por error a Auschwitz, haciéndolas pasar un verdadero infierno, componiendo algunas bellas y terroríficas inàgenes… para que todo termine con una dulce ducha. Más allá de que tal cosa pudiera ser o no lo que sucedió (y el autor de estas líneas no se ha tomado la molestia de corroborarlo), lo que importa es que una vez más, y a pensar de contar uno de los mayores horrores de que hay noticia, Spielberg necesita dejar al espectador con un buen sabor de boca y con la sensación de que los buenos ganan y los malos pierden.

No existe mayor complejidad moral en el filme. Los nazis son todos unos psicópatas y los judíos casi unos santos a los que les faltan las alas para parecer mas angelicales. Afortunadamente para el director, el propio filme y el espectador, el filme se sustenta en las excelentes interpretaciones de Liam Neeson, Ralph Fiennes y Ben Kingsley, un trío que añade sutilidad, inteligencia y belleza allí donde la puesta en escena es roma, obvia y preciosista. Fiennes, como el Untersturmführer Amon Goeth, es el mal absoluto, los ojos y las acciones más tenebrosos que jamás ha filmado Spielberg. Y enfrente tiene al Itzhak Stern de Kingsley quizá como epítome de la bondad y la luz. Ambos, de forma bastante evidente, lucharán por el alma de Schindler, que tendrá que debatirse entre sus instintos más bajos y su más básica humanidad. Pero incluso ahí algo falla en la estrategia narrativa de Spielberg, pues el cambio en Oskar resulta demasiado fácil, demasiado evidente, casi endémico, y tan solo la portentosa presencia de Neeson salva el personaje, al que despedimos en una lacrimógena secuencia digna del sentimentalismo más vacuo de un cineasta que aún tendría que exigirse más en el futuro.

Por todo ello es imposible hablar de una gran película. Al lado de ‘El pianista’ o de ‘Shoah’ esta película no es más que un título hollywoodiense con final feliz, uno más, muy bien realizado, con unos medios técnicos asombrosos y dos o tres interpretaciones magníficas, que bajo ningún concepto puede ser considerada una obra maestra, sino una muestra más de la inefable astucia de un cineasta dispuesto a pasar a la historia del cine como algo más que un hábil director de blockbusters veraniegos. El filme se llevó nada menos que siete óscares, los mismos que su adorada ‘Lawrence de Arabia’, pero algunos tenemos cada vez más presentes sus irregularidades y sus astucias. Por otra parte el director fue homenajeado por la comunidad judía ortodoxa, que consideraba este filme un justo homenaje a su sufrimiento. Tal aprecio hacia el cineasta cambió con la posterior ‘Munich’ (2005) un filme muy crítico con el gobierno judío, y a todos los niveles mucho más valiente y redondo que esta temerariamente encumbrada película.

Puntuación final: 6,5

5 comentarios sobre “La lista de Schindler (Schindler’s List) ★★★

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