El día de la bestia ★★★★★

Dirección: Álex de la Iglesia
Guion: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría
Intérpretes: Álex Angulo, Santiago Segura, Armando de Razza, María Grazia Cucinotta, Terele Pávez, Saturnino García, Nathalie Seseña, Jimmy Barnatan, Jaime Blanch, Antonio Dechent, El Gran Wyoming, Manuel Tallafé, Antonio de la Torre, Juan y Medio, Mario Ayuso, Enrique Villén

Hay películas que suceden. Simplemente suceden. Queremos creer, especialmente los que escribimos sobre cine en particular, o sobre narrativa en general, que existe cierto determinismo, que lo genial se explica a sí mismo, que cuando alguien consigue algo grande esta todo escrito en esa dirección, como destinado a ser así. Y no es cierto. Algunas cosas suceden, por ejemplo, la segunda realización del director bilbaíno Álex de la Iglesia tras su debut con ‘Acción Mutante’ (1992), y una de las películas más importantes de la historia del cine español, la eufórica, barroca, nihilista, casi febril, mítica ‘El día de la bestia’ (1995). Y digo esto porque en su carrera posterior, que ya abarca otros veinticinco años y otras doce películas, ni siquiera ha vuelto a acercarse a estas alturas, y ya podemos hablar, con gran pesar, de una trayectoria altamente irregular, cuando no gris o directamente desaprovechada. Todo lo contrario, en pocas palabras, de lo que anticipaba esta extraordinaria película.

Para entender lo que significó ‘El día de la bestia’ hay que retrotraerse a la situación, sobre todo estética, del cine español de los años noventa. Hoy día tenemos a unos cuantos directores que no tienen el menor complejo a la hora de acercarse a los géneros, ya sea terror, sci-fi, fantasía, o incluso western. Pero en aquel entonces eso parecía casi proscrito. Aquí lo que los cineastas parecían dispuestos a hacer se circunscribía en la comedia bufa, el drama, el melodrama y el drama histórico (generalmente centrado en la Guerra Civil y sus aledaños, aunque también tenían lugar producciones sobre el Siglo de Oro). Que un chaval de treinta años se lanzase a dirigir una cinta de acción desmadrada, centrada en la búsqueda del anticristo, era algo impensable. Pero de la Iglesia lo hizo, y demostró que en España podemos hacer el cine que nos propongamos. Demostró, de paso, unas cuantas cosas más.

Lo cierto es que ya ‘Acción mutante’ anticipaba a un cineasta descarado, que no tenía el menor empacho en copiar a autores anglosajones de cintas de sci-fi o de gore (sin ir más lejos a Paul Verhoeven y a Clive Barker), y aunque se trata de un filme muy irregular, con grandes momentos pero también con pronunciados valles, mostraba a un director capaz de hacer algo un poco más cohesionado. Lo que nadie podía saber era que tres años después entregaría esta locura en la que todo lo que se propuso funcionó, en la que pudo resolver de forma deslumbrante todos los retos narrativos que se puso a sí mismo, cambiando para siempre el gris panorama cinematográfico español y erigiéndose, desde el día de su estreno, en uno de nuestros directores estrella, que aún disfrutaría, durante unos pocos años, de la misma voz, aunque ya averiada y nunca más tan rotunda, en las interesantes ‘Perdita Durango’ (1997) y ‘Muertos de risa’ (1999).

A grandes rasgos: el padre Ángel Berriatúa (inefable, increíble Álex Angulo) cree haber encontrado, con la ayuda del jefe de su orden, el día y lugar en que va a nacer el anticristo. Concretamente en Madrid, el día de Navidad. Cuando la enorme cruz de la iglesia del Santuario de Aránzazu cae sobre su compañero, se queda solo en su viaje a Madrid, pero pronto encontrará a un aliado en la figura de un aficionado al heavy y satánico de vocación, por nombre Jose María (alucinante Santiago Segura, en el papel de su vida), y finalmente en un chusco presentador de televisión dedicado a lo sobrenatural, el profesor Cavan (estupendo Armando de Razza). Los tres compañeros vivirán una aventura extrema, entre lo delirante, lo siniestro y lo satírico, en un Madrid como nunca se ha visto en la historia del cine, de una densidad conceptual, de una riqueza visual, apabullante.

Hay varios equilibrios portentosos que conviven en esta película. El primero de todos ellos, a mi entender, consiste en su mezcla de comedia bufa y espectáculo sanguinario. Más que una comedia negra, que lo es, es un gran guiñol que no se toma en serio a sí misma…hasta que sí lo hace, y el espectador se ve arrastrado de pronto de un desmadre muy gozoso a una película que parece otra cosa, en la que lo sobrenatural y lo terrorífico, por muy improbable que resulte, parece mucho más cercano. Está claro, desde el principio, que el padre Ángel está chalado, pero una parte de nosotros (al igual que le sucede a Jose María) desearía que tuviera razón, que en efecto esa noche tuviera lugar el nacimiento del anticristo. Se establece así un relato quijotesco, en la que el cura tiene mucho que ver con el caballero de la triste figura, y el metalero Jose María con Sancho Panza, y al igual que en la seminal novela de Cervantes, ambos terminarán intercambiando sus creencias, y cuando el padre abandone toda esperanza, su Sancho Panza particular tendrá más fe en su relato que nunca.

Por otro lado, existe una armonía entre este frenético relato y lo que significa, lo que se desprende de él. Su trasfondo, para entendernos. Más que otra cosa, durante muchos momentos, ‘El día de la bestia’ parece ante todo una crítica del consumismo y del espíritu navideño, una reflexión que va subiendo de tono hasta el asesinato, a tiros, de los fantoches que en pleno centro interpretan a los tres reyes magos. La lógica de este relato se impone a la lógica de la realidad, pero no negándola, sino complementándose con ella. Es decir, que es un filme que jamás se despega de la realidad a pesar de la rocambolesca historia que nos narra. Y ese es uno de sus mayores logros.

Y por último, su equilibrio entre un cine desenfadado, joven, de futuro, y su mirada hacia los maestros del pasado, concretamente Berlanga. Resulta imposible, para el cinéfilo avezado, no rescatar las esencia de un ‘Plácido’ (1961) o un ‘El verdugo’ (1963), sobre todo en la sección que tiene lugar en la sórdida y céntrica pensión regentada por la terrible Rosario (memorable Terele Pávez) y atendido por la ingenua Mina (divertidísima Nathalie Seseña), una sección que podría haber filmado perfectamente el gran director valenciano, de un costumbrismo salvaje, al que de la Iglesia añade sus gotas de violencia infernal (nunca mejor dicho), con la Pávez convertida casi en una máquina de matar, en un ser mefistofélico (el primero con el que han de enfrentarse), sin perder jamás el tono de la historia, con una pasmosa resolución visual, de una plasticidad inédita en este país.

La película concluye con la necesaria ambivalencia y con una música que revela el tono amargo, lúcido y bufo de esta historia, con la imagen del ángel caído del parque del Retiro, como perfecto broche a esta obra maestra irrepetible, que simplemente sucedió, y que ahí queda, para revisarla diez o cien veces, porque jamás se agota.

Puntuación final: 9,0

4 comentarios sobre “El día de la bestia ★★★★★

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