Terminator 2: El juicio final (Terminator 2: Judgment Day) ★★★★★

Dirección: James Cameron
Guion: James Cameron, William Wisher Jr.
Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong, Robert Patrick, Earl Boen, Joe Morton, S. Epatha Merkerson, Danny Cooksey, Castulo Guerra, Jenette Goldstein, Xander Berkeley, Michael Edwards, Dean Norris

Algunos hitos del cine tardan unos años en asentarse en el imaginario popular, como si necesitasen de mucha más ponderación que un título normal para auparse al lugar que merecen. Cuando se estrenó ‘Terminator 2: Judgment Day’ (Cameron, 1991), muchos no las tenían todas consigo y echaron de menos la artesanía de la original ante el despliegue de impresionantes efectos especiales, ante la monumental superproducción que significó esta segunda parte tan solo siete años después de la primera, como si aquella fuera una película de autor y esta una estratagema comercial y poco más. Pero otros vieron ya que Cameron, en su universo más personal, demostraba una vez más su supremacía no tanto en el cine de acción y aventuras como en el resbaladizo y traicionero género de la sci-fi, con el que siempre se corre el peligro de quedar anticuado demasiado pronto, o de nacer directamente anticuado. El gigantesco éxito de público del filme, mucho mayor que el de su antecesora, terminó por convencer a unos y a otros, a la espera de que el paso de los años dictaminara sentencia. Pero ha bastado con ver los filmes de su clase llegados pocos años después, todos ellos influidos por Cameron, para darnos cuenta de que esto es muy difícil de repetir.

Y lo cierto es que se trata de una secuela un tanto artificial y extraña, una secuela que es casi un remake, en el que el esquema principal (un enemigo invencible persiguiendo a los protagonistas…) se repite con pequeñas variaciones, y en el que existen algunos elementos un tanto cogidos por los pelos (como las fechas nombradas y la edad de John Connor, que no acaban de cuadrar del todo), algo que ya parece consustancial en casi cualquier secuela y que en realidad carece de mucha importancia, porque en esencia le sirve a Cameron para hacer una reflexión en clave emocional, desde esta segunda parte, sobre los acontecimientos de la primera, además de una indagación mucho más profunda en los resortes de la guerra y de la autodestrucción inherentes en la humanidad. Pero Cameron no se queda ahí, sino que además establece una pasmosa e inefable relación entre el terminator salvador y el joven John Connor, entre este y su madre Sarah Connor (muy diferente, lógicamente, a la de la primera parte), y entre ella y el terminator que posee el mismo aspecto que el que la persiguió de manera implacable en la primera parte. Un trío de rostros, de réplicas y contrarréplicas, de situaciones, de secuencias clave y de resoluciones, que resulta extraordinariamente convincente y que es, en verdad, el núcleo, la clave del triunfo narrativo que es este filme.

Porque estaremos de acuerdo en que si Arnold Schwarzenegger nació para ser actor (algo bastante poco probable), su papel perfecto es precisamente el terminator de esta saga, que aquí pasa de asesino a guardián, y por tanto de villano a héroe, algo con lo que el director juguetea en los primeros compases del filme (en los que alguien que no la haya visto puede pensar que sigue siendo el villano), pero que se hace mucho más interesante y explícito en el primer encuentro de Sarah con este guardián al que ella cree su asesino, en un momento magistral (uno de tantos) en los que este portentoso cineasta crea un espacio-tiempo narrativo, concretamente el de Sarah, regresando anímica y psicológicamente a la primera parte, convirtiéndose de nuevo en una víctima desamparada y no en la mujer fuerte y resolutiva que ahora es. Por cierto, qué bien está Linda Hamilton en esta segunda parte, ofreciendo la otra cara de una misma moneda que es Sarah Connor, y qué bien está el entonces desconocido Edward Furlong, en un papel nada fácil que este chaval clava a la perfección casi como si hubiera nacido para él. Todo ello prueba del magisterio de Cameron en la dirección de actores.

Pero esto es también, como no, un soberbio espectáculo de acción y de dinamismo audiovisual, con un guion formidable y cerrado sobre sí mismo como una piedra, construido a base de esferas o cápsulas narrativas (el auxilio a John Connor, la liberación de Sarah Connor, la huida a la frontera, el asalto a Cyberdyne Systems, el enfrentamiento final en la fundición…) de un crescendo y un ingenio literalmente arrolladores, con un enemigo que parece invencible, esta vez hecho de un metal líquido capaz de tomar cualquier forma que desee, y al que los ataques con armas de fuego no parecen causarle mella. Un enemigo por cierto con el que Cameron no solamente vuelve a establecer unas reglas que no se salta en ningún momento, sino que le sirve para reflexionar acerca de las múltiples caras y tretas del mal de la misma manera que hiciera Carpenter en su fundamental ‘La cosa’, y para construir una maliciosa mirada acerca de la figura de la autoridad que representa el T-1000 en su sempiterno traje de policía, autoridad usurpada que le vuelve mucho más aterrador. Con él, Cameron construirá algunas de las secuencias de acción más portentosas de la historia del cine: no solamente la famosa persecución por los canales de Los Ángeles, también la larga persecución final primero en moto, luego en helicóptero y finalmente con un enorme camión cisterna, en homenaje a la primera parte.

En esta ocasión todo ello filmado con muchos más medios pero con idéntico ingenio, porque la mente detrás de todo eso es la misma, pero con una extraordinaria fotografía de Adam Greenberg, que consigue una imagen mucho más perfecta, sólida y profunda de lo que había hecho Cameron hasta la fecha. Asistido por este gran operador, el director despliega una planificación visual y sonora (portentoso también el sonido en toda la cinta) yo diría perfecta, apabullante, que es una lección de cine para todos los que después intentaron, sin lograrlo, conseguir algo parecido. Porque con ello el director no pretende otra cosa que mostrar el horror de la tecnología mal aplicada, de la guerra nuclear, de la capacidad destructiva del ser humano (impagable el momento en que vemos a dos niños pelearse, en el que la máquina alega que está en nuestra naturaleza destruirnos unos a otros), con secuencias tan espeluznantes como el sueño de Sarah en el que se ve a sí misma destruida por la inminente bomba nuclear que arrasará la ciudad por entero. Cameron construye un gran espectáculo pero lo hace para algo, no como un fin en sí mismo. Y al final ‘Terminator 2’ es un filme sobre el sacrificio, al igual que la primera parte, y sobre tomar conciencia de nuestra responsabilidad en el mundo.

‘Terminator 2’ es la tercera de las cuatro obras maestras de James Cameron, que ya demuestra una madurez y una evolución en su estilo realmente pasmosas. La saga continuaría, claro, ya sin Cameron a los mandos, y el descenso en su calidad sería notable ya desde su tercera parte. Cuatro películas, nada menos, sin Cameron, demuestran que no es tan sencillo hacer algo como esto. Hace falta ser un gran cineasta verdaderamente preocupado por cuestiones mayores de la vida contemporánea y del devenir de la humanidad, y eso no lo han tenido las cuatro olvidables películas que han tenido después. Ninguno de esos directores ha podido filmar un final tan amargo y al mismo tiempo tan sutilmente esperanzador como el de esta extraordinaria película, que comienza con una batalla espeluznante en un futuro desolador y concluye con una carretera oscura que conduce a un lugar indeterminado, aún por construir, un perfecto reflejo de lo que el ser humano, como especie, ha de empezar a afrontar.

Puntuación final: 9,5

7 comentarios sobre “Terminator 2: El juicio final (Terminator 2: Judgment Day) ★★★★★

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