La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV) ★★

Dirección: Albert Serra
Guion: Thierry Lounas, Albert Serra
Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Patrick D’Assumçao, Marc Susini, Bernard Belin, Irène Silvagni, Vicenç Altaió, Filipe Duarte

Hay que reconocerle a Albert Serra dos grandes méritos: el primero es que no le importa lo que nadie piense de sus películas (o al menos eso repite él casi en cada entrevista que le hacen), y que posee una gran idea de sí mismo y de su cine (algo que tampoco se cansa de repetir, comparándose con los más grandes de la historia). Ahí acaban sus más grandes virtudes, si virtudes se les puede llamar. En el caso de su octavo largometraje oficial convenció incluso a los que no habían visto en sus películas más que inanes ejercicios de abstracción estilística, fue seleccionado para Cannes, y recibió bastantes parabienes de la crítica y del escaso público que pudo verla en su momento. En ella reincide en su estilo minimalista, con una búsqueda de la exquisitez formal, de los pequeños detalles visuales, y también en sus enormes oquedades y carencias expresivas, en su falta de recursos puramente narrativos (o antinarrativos), hasta el punto de que sorprende que en algunos medios se calificara a esta película como un “magnífico logro cinematográfico”.

Filmada en su práctica totalidad en interiores (salvo el plano inicial), el título ya explica de manera concreta qué es lo que vamos a ver: la agonía de los últimos días del llamado Rey Sol, Luis XIV, rey de Francia y de Navarra, el monarca que gozó del reinado más largo en Europa (76 años, nada menos), un tirano absolutista que fue crucial para el hundimiento del imperio español y la creación de la Leyenda Negra contra España, al que Serra elige para ser el protagonista absoluto de su cinta y para ponerle bajo la lupa de su cámara, interpretado por Jean-Pierre Léaud (el niño de ‘Los 400 golpes’), y siguiendo la estela de otros famosos personajes históricos o literarios que Serra gusta de incorporar en sus películas, tales como El Quijote, Casanova o Drácula. Es ‘La mort de Louis XIV’ pues una elaborada pieza de cámara, con un único escenario, la alcoba del monarca, multitud de personajes secundarios o episódicos, y con una cuidada ambientación, diseño de producción, fotografía y vestuario. Es en suma un envoltorio de seda y un tema trascendente. Pero la narrativa, el estilo narrativo, la estética, el cine, no viven solamente de eso.

Más allá del dudoso interés que puede despertar una película de dos horas sobre la agonía y muerte de este monarca, Serra se entrega a este proyecto con una vocación decididamente pictórica, en la que cada plano asemeja un cuadro muy bien elaborado, con una fotografía tenebrista que sabe sacar todo el partido a unos interiores nada ostentosos. Algo que hemos visto mil veces, desde ‘Barry Lyndon’ (y la conexión con Kubrick no es baladí), hasta el ‘Valmont’ de Milos Forman, pero que a un sector de la crítica y al festival de Cannes debió parecerle el colmo de la magnificencia y la originalidad visuales. Hay que reconocer, eso sí, que está filmada con buen ojo y sabiendo perfectamente lo que hace y lo que quiere, pero sin olvidar las facilidades que Serra se da a sí mismo, presuponiendo que basta con colocar la cámara delante de un actor para obtener un cine artístico o de autor, y demostrando su incapacidad para crear personajes (ni siquiera Luis XIV, pues Léaud no construye, se limita a estar allí), para armar una secuencia con puntos de vista o con una voz narradora, o incluso para resultar rompedor.

Dos horas absolutamente planas en las que al final lo único que obtenemos son repetitivas imágenes de muchos actores con pelucones hablando en susurros y cada vez más preocupados por el avance de la enfermedad del dictador. Imposible crear una empatía con la cámara gélida de Serra, del todo incapaz de penetrar en las emociones o la psique de sus pobres caracteres, más sombras en una pared que verdaderos seres de carne y hueso. Es este un relato desecado que podría haber dado para un cortometraje, o un mediometraje, muy vistoso, pero que se antoja excesivo, huero, esteticista, demasiado autoconsciente y autoconvencido de ser una genialidad, que sin duda puede convencer a espectadores deseosos de encontrar rarezas, pero que no engaña a otros y que induce una inevitable y maliciosa pregunta: ¿qué habría pasado si esta película hubiese sido filmada en español y acerca de la muerte de Carlos III? ¿Habría sido seleccionada para el Festival de Cannes? ¿Habría hablado de ella la revista Cahiers?

Serra no es ningún cineasta rompedor o iconoclasta, como él tanto gusta decir y pensar de sí mismo, sino un cineasta con algún aspecto interesante que filma como muchos otros lo hicieron antes que él, y que ya ha demostrado que tiene poco que contar y que su único objetivo es epatar a los cinéfilos más elitistas, por mucho que afirme que él no trabaja para agradar a nadie.

Puntuación final: 5,0

2 comentarios sobre “La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV) ★★

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