La muerte de Virgilio (Der Tod des Vergil) ★★★★★

Autor: Hermann Broch – Año de publicación: 1945

Aceptando la música como el arte más elevado de todos, y aceptando también que la música es antes que nada escritura, pareciera que los más grandes novelistas del siglo XX. desde Thomas Mann a William Faulkner, aprendieron pronto que una de las cualidades esenciales de toda obra literaria es su musicalidad interior, y quizá por ello conocían la música de una manera profunda y eran capaces de incluir en sus esfuerzos literarios a la música tanto material como conceptualmente. Pareciera por tanto que la literatura existe a la sombra de la música, pero es quizá la literatura la más perfecta expresión del pensamiento y de la poética humana, el medio más apto, cuando es gran literatura, para hablar de la problemática del ser humano, de su naturaleza insoslayable, de la tiranía del tiempo, de lo inabarcable del espacio, de nuestra importancia y de nuestra insignificancia. Y sólo en las obras más sublimes encontramos todo eso y mucho más: una esfera perfecta, que condensa una visión poética del mundo y una mirada racional y sensitiva a los hechos que allí se narran. Y esto ocurre en ‘La muerte de Virgilio’, la obra magna del incomparable Hermann Broch, que vio la luz durante los coletazos finales de la II Guerra Mundial y que setenta y seis años después continúa siendo un enigma en cuanto a su construcción y su fortísima singularidad lírica.

Hermann Broch, nacido en Viena en 1886, es uno de esos hijos malditos de la historia, y la composición de su ‘Der Tod des Vergil’ fue tan azarosa que estuvo cerca de no materializarse nunca. Acosado por la Gestapo en los albores del nazismo y de la II Guerra Mundial, emigró de Europa a los Estados Unidos y subsistió en condiciones bastante terribles mientras se entregaba a la tarea de la que estaba seguro sería su gran novela, aunque ya estaba absolutamente considerado por la trilogía ‘Los sonámbulos’ (que le había acarreado no pocos problemas con los estamentos de su país) y por otros trabajos suyos. Durante varios años edificó este monumento literario inoculando en él toda la experiencia acumulada en su trayectoria anterior y con la sensación, casi profética, de que sería su última novela, al menos en vida, y resulta irónico que la publicara en el año de la rendición incondicional de Alemania. Resultaría tentador hacer un compendio de los grandes artistas que vieron truncada su obra en esos años aciagos, pero también de los que, a pesar de todo, continuaron con su labor. Casi desde su misma aparición, fue saludada como un título superlativo, casi único, y con el paso de las décadas y el fin del siglo XX, no cabe duda de que estamos ante una de las más grandes novelas de la pasada centuria, capaz de medirse sin ningún problema con ‘Mientras agonizo’ de Faulkner o ‘La montaña mágica’ de Mann.

No es difícil adivinar la profunda conexión anímica de Broch con Virgilio, de quien narra sus últimos días en Brindisi, y sus intenciones de quemar la ‘Eneida’, convencido de que en su obra no ha logrado todo aquello que e proponía, que no existe más que falsedad en su literatura, y que por tanto debe desaparecer coincidiendo con su propia muerte. Este punto de partida le sirve de partida a Broch para crear una obra que es, al mismo tiempo, reflexión, análisis, narración y poesía en prosa, y para indagar en las posibilidades estéticas y conceptuales de su arte, en un relato asombroso que avanza entre el realismo y el racionalismo más exacerbados, y el lirismo y la ensoñación más hipnóticas, con una prosa absolutamente magistral que se despliega por páginas y páginas sin diálogos ni separaciones en las que la mente de Virgilio (la de Broch) divaga con una precisión aterradora acerca de las ideas más abstrusas y de las emociones más rotundas sin perder jamás el tono ni el ritmo de aquello que está diciendo, sin caer en la retórica fácil ni en el discurso autocomplaciente, sino llevándonos de la mano a innumerables conclusiones intelectuales y estéticas de grandísimo valor y profundidad humanas, erigiéndose en uno de los retos de lectura más exigentes de que hay noticia, pero también en un viaje inefable al corazón de las palabras y de la psique que resulta casi imposible de describir.

Dividido en cuatro partes (Agua – El arribo, Fuego – El descenso, Tierra – La espera, Éter – El regreso), pareciera que Broch se propuso, además, construir su propia ‘Divina Comedia’, de nuevo de la mano de Virgilio, dando forma novelística a un gran poema narrativo en el que en lugar por deidades y aberraciones celestiales o infernales, está poblado por las sensaciones y las ideas al límite de un moribundo que al final de su vida lo ve todo con mucha mayor claridad y es capaz de llegar, con su mente y con sus palabras, al fondo de las cosas, haciéndose las preguntas correctas por primera vez y atisbando algunas posibles respuestas. Porque ‘La muerte de Virgilio’ es, ante todo, un relato sobre La Muerte, esa a la que Broch eludió de milagro en Europa, y a la que sospechaba que volvería a ver en Estados Unidos, esta vez de manera inevitable. Con esta obra, como con muy pocas otras, el lector esforzado y agradecido, percibe las orillas de su propia extinción y la sensación de que La Muerte no es lo que tanto tememos, sino algo completamente diferente, un algo mucho más poético y a la vez necesario. Una liberación a las dudas y al tormento de la existencia. La Muerte es la tesis final de Broch, que en su obra maestra la mira de frente, al igual que Virgilio, y nos obliga a hacer lo mismo impregnados de su inmensa categoría estética.

No existe literatura sin pérdida, sin desengaño, sin la necesidad de la muerte. Esta pieza sublime de arte literario nos propone un desafío intelectual y anímico de primer orden, que escapa a la definición habitual de novela, que se rebela ante cualquier convención narrativa y que se erige en un regalo literario inabarcable, sólo apto para los paladares más exigentes. Decían que si Broch hubiese vivido un poco más le habrían dado el Nobel. Poco importa. No fue Broch el que se perdió el Nobel, sino el Nobel el que se perdió a Broch.

Puntuación: 10

4 comentarios sobre “La muerte de Virgilio (Der Tod des Vergil) ★★★★★

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s