Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road) ★★★★★

Dirección: George Miller
Guion: Nick Lathouris, Brendan McCarthy, George Miller
Intérpretes: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Angus Sampson, Zöe Kravitz, Rosie Huntington-Whiteley, Nathan Jones, Riley Keough, Abbey Lee, Courtney Eaton, Josh Helman, Megan Gale, Melissa Jaffer, Stephen Dunlevy

Dentro de las numerosas franquicias o sagas que han llegado sobre todo del mundo anglosajón (aunque no únicamente), y de las inesperadas continuaciones que se han hecho en los últimos tiempos de algunas de ellas (incluso de algunas series), se intuye en qué casos no eran necesarias ni bienvenidas tales continuaciones, y en qué otros el director todavía tiene algo que ofrecer, o por mejor decir, cuando todavía tiene mucho que decir. Han llegado nuevos capítulos, diez o quince o veinte años después, y se ha demostrado cuáles son los cineastas que puede retomar las riendas de ese mundo, con rigor e inteligencia, y cuáles otros solamente lo hacen para obtener réditos económicos. Afortunadamente para ‘Mad Max’, que comenzó en 1979, cuya segunda parte tuvo lugar en 1981, y que pareció haber concluido con la tercera en 1985, resucitó en 2015 (nada menos que treinta años después) de la mano de su creador, George Miller, para demostrar que es uno de los directores de aventuras más importantes e influyentes de las últimas décadas, y que cuando un cineasta se pone el listón bien alto (todo lo contrario de George Lucas en su segunda trilogía, por poner un ejemplo) se pueden alcanzar grandes cosas.

Esta saga, a medio camino del western más seco y más descarnado, y de un relato post-apocalíptico de innegables raíces japonesas, tuvo una gran influencia en el cine de género posterior, y su segundo capítulo, ‘Mad Max 2: The Road Warrior’, fue el más sólido, impactante y memorable de los tres. La tercera película, codirigida con George Ogilvie, si bien solvente y llena de buenos momentos, carecía ya del impacto y originalidad de la segunda, y era incapaz de proponer nada nuevo, aunque proseguía con la historia del solitario Max en ese mundo devastado y lo hacía de manera bastante digna. ¿Qué puede aportar un nuevo intento treinta años más tarde, y sobre todo después de una tercera parte no demasiado destacada? Esta cuarta parte, que es al mismo tiempo un remake y una continuación, un homenaje a ese mundo y una reescritura de sus líneas maestras, fue recibida por no pocos críticos y espectadores con escepticismo e indolencia. Pero muchos tuvieron que rendirse a la evidencia: ‘Mad Max: Fury Road’ no solamente es la mejor de la franquicia con gran diferencia, sino que es también una soberbia lección de cine, un apasionado ejemplo de aventura y acción sin límites que alberga en su interior suficientes cargas de profundidad para aspirar a ser incluso algo más que eso.

Lo primero que llama la atención de este filme es que siendo una historia más del solitario «guerrero de la carretera» Mad Max, es en esta ocasión (interpretado por Tom Hardy en sustitución de Mel Gibson) en realidad un personaje bastante secundario, apenas un apoyo para la verdadera protagonista de la historia, la impresionante Furiosa de Charlize Theron, cuyos motivos, decisiones y acciones son el verdadero eje de la historia, mientras que Max, que apenas sabe dónde se está metiendo y que se limita a reaccionar ante lo que se le viene encima, es poco más que un agente externo que decide involucrarse con ella y ayudarla hasta el final. Como muchos señalaron en su momento, no pasaría nada si este filme se titulase ‘Furiosa’, y hay que valorar también el extraordinario trabajo de Charlize Theron, que otorga gran belleza y convicción a un papel que fácilmente podría haber caído en el cliché. Son las decisiones de Furiosa las que sirven de disparador de esta magnífica historia futurista en la que apenas hay cabida a la esperanza, y que describe un mundo desolador y terrible en el que impera la ley del más fuerte

Historia de ida y vuelta que ejemplifica como pocas el viaje del héroe de Joseph Campbell, pero que es mucho más, al deslizar su sencilla trama (que muchos calificaron precipitadamente de simple) por el terreno de la metáfora más absoluta, ‘Mad Max: Fury Road’ se erige como uno de los relatos más rabiosamente feministas de que hay noticia, con la huida de las numerosas esposas (una de ellas embarazadas) de un salvaje cacique, un tirano grotesco que se hace llamar Inmortan Joe, al que siguen una horda de fanáticos, que las perseguirá por el interminable páramo y casi hasta el fin del mundo, con Furiosa a los mandos de un enorme camión de guerra, en un filme que está siempre en movimiento, pero en el que caben momentos para la serenidad y el descanso. Inmortan Joe, dotado de una máscara grotesca y de un respirador que recuerda a Darth Vader, personifica a todos los tiranos que en el mundo existieron, existen y seguirán existiendo, y Furiosa, con la inestimable ayuda de un hombre del que sólo conocerá su nombre al final, personifica la lucha por la libertad, la dignidad de la mujer y el sobreponerse a un pasado tortuoso.

Rescatando de un cierto ostracismo al gran operador John Seale, que regala a la película un aspecto absolutamente deslumbrante, una de las imágenes más épicas y de mayor profundidad de campo que quepa imaginar, con un diseño de producción fabuloso de Colin Gibson y Lisa Thompson con el que diferenciar los diversos clanes del desierto, Miller visualiza la película de un modo impecable, con una planificación de una caligrafía extraordinaria, en la que cada plano y cada corte están ahí por algo, y que cuentan la historia, o el interior de los personajes, con pasmosa precisión cinematográfica, resultando además tremendamente dinámicos. El aspecto visual de esta película, si bien obviamente retocado en postproducción, resulta increíblemente estimulante. Y no sería justo no nombrar la enorme labor de Margaret Sixel (a la sazón, esposa del director), en el montaje de la película, pues con manos de maestra termina por pulir sin la menor arista una construcción audiovisual que se acerca al resbaladizo concepto de producción.

Siendo George Miller un cineasta no especialmente prolífico (nueve películas, en casi cuarenta años), supo dejar en los ochenta su impronta como director de acción, y posee filmes tan dispares y excelentes como ‘El aceite de la vida’ (‘Lorenzo’s Oil’, 1992) o ‘Happy Feet’ (2006), además de su magnífico segmento para ‘Twilight Zone: The Movie’ (1983) adaptando a Richard Matheson. Pero sin ningún género de dudas realizó su obra maestra con ‘Mad Max: Fury Road’, un filme de producción casi por entero australiana con el que volvía a sus orígenes, reescribía magistralmente aquel influyente mundo apocalíptico y tocaba el techo de los maestros. El filme conseguía nada menos que seis óscares (mezcla de sonido, montaje de sonido, vestuario, maquillaje, diseño de producción y montaje), todos ellos inapelables y dejaba abierta la posibilidad de una continuación, por supuesto con Furiosa de protagonista. Tras su increíble final, con Max desapareciendo entre la multitud, como la única opción lógica para cerrar este alucinante relato.

Puntuación final: 9,5

4 comentarios sobre “Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road) ★★★★★

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