Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan) ★★★

Dirección: Steven Spielberg
Guion: Robert Rodat
Reparto: Tom Hanks, Tom Sizemore, Edward Burns, Matt Damon, Barry Pepper, Giovanni Ribisi, Adam Goldberg, Jeremy Davies, Vin Diesel, Ted Danson, Paul Giamatti, Max Martini, Dennis Farina, Harrison Young, Kathleen Byron, Harve Presnell, Dale Dye, Leland Orser, Bryan Cranston, Nathan Fillion, Ryan Hurst, Corey Johnson, Andrew Scott, Joerg Stadler, Dylan Bruno

Cinco años después de haber conquistado (tras varios intentos fallidos) el respeto de la crítica, y la ovación casi unánime del gran público, con ‘La lista de Schindler’ (‘Schindler’s List’, 1993), convertido ya además de en un director estrella (lo que llevaba bastante tiempo siendo), en un cineasta reputado, Steven Spielberg regresó al marco histórico de la II Guerra Mundial y a un proyecto de gran ambición estética con la que sería, en realidad, su primera película abiertamente bélica, con la intención, como no podía ser de otra manera, de dejar su huella en el género y de repetir el gran respaldo crítico del filme sobre el Holocausto Judío. Y para muchos lo consiguió: el resultado fue la exitosa y aclamada ‘Salvar al soldado Ryan’, una de las películas estadounidenses más célebres de las últimas décadas, el filme más exitoso de su año en su país, y su segundo Oscar como director (amén de otras cuatro estatuillas: fotografía, montaje, sonido y montaje de efectos sonoros), por encima de otro filme bélico estrenado ese mismo año (ironías de la vida), titulado ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’, Terrence Malick). ‘Salvar al soldado Ryan’ forma una especie de apócrifa trilogía en la carrera de grandes temas de la carrera de Spielberg, y de temas duros y escabrosos, junto a la nombrada ‘La lista de Schindler’ y a ‘Munich’ (2005), pero no sería hasta la tercera que realmente conseguiría un filme redondo en casi todos los aspectos.

Porque ‘Saving Private Ryan’ es un bélico que se hace trampas a sí mismo y que para adquirir mayor categoría se adentra en otros terrenos genéricos que diluyen la fuerza de sus imágenes. Pero antes de entrar en materia conviene un breve repaso a su sencillo argumento: un grupo de siete soldados, junto a su capitán, emprenderán una búsqueda por los pueblos franceses recientemente liberados o en pleno combate, pocos días después del histórico Desembarco de Normandía, de un soldado raso llamado James Ryan que ha perdido, sin saberlo, a sus tres hermanos en combate, para mandarle a casa. El problema es que no saben exactamente dónde está, de modo que Spielberg narrará su singular odisea hasta encontrarle. Tal premisa le servirá al director para establecer las relaciones, réplicas y contrarréplicas del grupo de compañeros, y para armar algunas elaboradas secuencias bélicas, apoyado en otro poderoso aparato de producción y tratando de aportar un tono elegíaco al conjunto. Pero lo cierto es que aunque se trata de un filme con momentos formidables, ese conjunto, que está pidiendo a voces ser considerado por lo menos un filme notable, se convierte en un melodrama de tintes casi patrioteros y sentimentales, tan caros a su autor, y que como su anterior gran proyecto no puede ser considerado un filme redondo.

Y eso que hay que reconocer que la película empieza por todo lo alto. Spielberg posee unos inicios (en no pocas películas) sensacionales, una zona media renqueante, y unos finales flojos cuando no francamente decepcionantes. Aprovechando el marco histórico el filme se abre, tras su breve prólogo, con el citado Desembarco de Normandía, y obtenemos, sin ningún género de dudas, los momentos más brillantes, impactantes y memorables de toda la película. Varios minutos en los que no tiene cabida la bella y solemne música de John Williams (construida más como homenaje a los caídos que como instrumento narrativo), y en los que asistimos al horror de los combates en campo abierto, con las ametralladoras de los alemanes machacando a las tropas estadounidenses y creando un escenario de verdadero horror, con la fotografía de Janusz Kaminsky recuperando las texturas de las míticas fotos de Robert Capa de tan luctuoso evento. De un tiempo a esta parte, los filmes de Spielberg se erigen en verdaderas virguerías técnicas, y este no es una excepción. Pocas veces en el cine hemos asistido a una batalla más sanguinaria, atroz y bárbara, con los soldados convertidos en simples blancos móviles para los tiradores alemanes, y llorando de dolor o angustia, y gritando a Dios y a su madre. Pareciera que vamos a asistir a una experiencia bélica definitiva. Pero no es así.

Por alguna razón que sólo el propio Spielberg puede quizá explicar en su totalidad, pero que es fácil de adivinar, ‘Saving Private Ryan’ añade a esa experiencia bélica varias gotas (o litros) de otras tonalidades genéricas que sin duda aportan al filme un aspecto o una personalidad más de «película de prestigio» (y esa es la razón que es fácil de adivinar), para no filmar un simple bélico, por muy tenso, brillante y frenético que pudiese haber resultado. Y así, a ese prólogo antes nombrado, añade un epílogo, pues todo el relato es en realidad un recuerdo o una narración interior de un anciano que al principio creeremos que es Tom Hanks (sobre todo porque tal idea queda reforzada por el acercamiento a cámara del rostro de ese anciano, y el corte casi seguido al rostro de Hanks a punto de desembarcar en Normandía…), cuando en realidad se trata del personaje de Matt Damon (con lo que ese recuerdo o narración interior que pensábamos que estaba teniendo lugar no era tal…porque además el personaje de Damon no está en el desembarco…), lo que añade confusión al relato y redunda en esos finales cuestionables, extraños y decepcionantes de Spielberg (por no hablar de la bandera estadounidense que abre y cierra realmente la historia).

Pero no se quedará ahí Spielberg, sino que a esa inmersiva experiencia cinemática añadirá otra secuencia (en realidad dos, aunque una está dentro de otra) que rompe absolutamente el tono y el ritmo de lo que estaba narrando: la de las oficinas del cuartel general de ejército estadounidense, con las breves imágenes de la carta enviada a la madre de los Ryan en la que le informan del fallecimiento de tres de sus cuatro hijos, y la conversación entre los oficiales del estado mayor en la que se decide ir a buscar al cuarto para evitar enviar a la madre otra carta. Todo esto no pertenece a la película, o por lo menos a aquella que Spielberg intenta montar, sino que parece extraído de otra muy diferente, e introducido aquí con calzador, aunque sin duda con ello se consigue dotar al conjunto de una mayor trascendencia, de un mayor alcance histórico, a costa, indiscutiblemente, de la experiencia bélica.

Y hay que reconocer que el filme alberga algunas secuencias portentosas, que toman como ejemplo e inspiración directa títulos como ‘La chaqueta metálica’ (‘Full Metal Jacket, 1987), de su admirado Kubrick, pero que muestran a un director de una habilidad superlativa para el manejo de las tensiones, de los espacios físicos, de grandes set-pieces como esa larga del pueblo en la que se topan con un francotirador, o esa otra en que sirviéndose del visor, el asustadizo traductor de alemán y francés observa todo el combate de sus compañeros desde la lejanía, por no olvidarnos de la imponente (aunque algo repetitiva) batalla final, todo ello para servirnos al Spielberg más crudo en muchos años, que hace de ‘El imperio del sol’ (‘Empire of the Sun’, 1987) o a ‘Amistad’ (1997), edulcorados pasatiempos históricos. Pero ni todo su poder, ni el recién adquirido prestigio le permitieron a Spielberg tener el coraje suficiente para jugar sus cartas hasta el final.

En cuanto a los actores, todos ellos cumplen con gran solvencia y verosimilitud, creando un grupo humano creíble y compacto, si bien el único que tiene un verdadero personaje es Tom Hanks, y no es un personaje particularmente memorable, sino la habitual figura estadounidense del hombre medio metido en una aventura gigantesca que tan bien se le da encarnar a este intérprete. Personajes de todas formas oscurecidos por el gran aparato cinematográfico que supone esta película, que acaba siendo extrañamente fría pese a su necesidad de alto voltaje emocional, y ni siquiera la renuncia de Ryan a aceptar marcharse a casa (en una clara referencia al ‘The Searchers’ fordiano) consigue conmover al espectador más avezado, pues lo más brillante de la película son las batallas, y la mejor de todas ellas es la primera, por lo que este enésimo relato del regreso a casa (un tema que es verdadera obsesión en la filmografía de este director) acaba resultando algo largo y excesivo.

La otra gran película bélica de ese año, la (esta sí) extraordinaria ‘The Thin Red Line’ perdió incluso el Óscar a mejor fotografía frente a esta película. Y aunque es cierto que la iluminación de Kaminsky es impresionante en mucho sentidos, no tienen nada que hacer con el irrepetible aspecto visual logrado por John Toll en aquella. Pero así es la vida y así es el cine. Spielberg aún tendría que esperar otros siete años para que una de sus películas «serias» fuera una verdadera conquista cinematografica.

Puntuación final: 6,5

4 comentarios sobre “Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan) ★★★

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s