Juego de tronos (Game of Thrones) ★★★★

Años de emisión: 2011-2019
Creadores: David Benioff y D.B. Weiss
Intérpretes: Lena Headey, Peter Dinklage, Maisie Williams, Emilia Clarke, Kit Harington, Nikolaj Coster-Waldau, Sophie Turner, Michelle Fairley, Sean Bean, Charles Dance, Jack Gleeson, Rory McCann, Isaac Hempstead Wright, Mark Addy, Alfie Allen, Iain Glen, Aidan Gillen, Conleth Hill, Richard Madden, Stephen Dillane, Carice van Houten, Natalie Dormer, John Bradley, Nathalie Emmanuel, Jerome Flynn, Gwendoline Christie, Sibel Kekilli, Jason Momoa, Jonathan Pryce, Dean-Charles Chapman, Liam Cunningham, Michael McElhatton, Diana Rigg, Finn Jones, Ian McElhinney, Jacob Anderson, Oona Chaplin, Bella Ramsey, Natalia Tena, Kristian Nairn, Rose Leslie, Pedro Pascal, Max von Sydow, Gemma Whelan, Charlotte Hope, Kristofer Hivju, James Cosmo, Hannah Murray, Iwan Rheon, Ellie Kendrick, Peter Vaughan, Gethin Anthony, Tom Wlaschiha, Harry Lloyd, Donald Sumpter, Kate Dickie, Clive Russell, Tobias Menzies, Ciarán Hinds, Julian Glover, Mark Stanley, Esmé Bianco, Joe Dempsie, Michiel Huisman, Hafþór Júlíus Björnsson, Indira Varma, Thomas Brodie-Sangster, Richard Dormer, Miltos Yerolemou, Elyes Gabel, Rosabell Laurenti Sellers, Ian McShane, Pilou Asbæk, Ed Skrein, Joseph Naufahu, Keisha Castle-Hughes, Jessica Henwick, Jim Broadbent, Faye Marsay, Nonso Anozie, Tom Hopper, Thomas Turgoose, Freddie Stroma, Eugene Simon, Marc Rissmann, Frank Blake, Daniel Portman, Ben Crompton, Anton Lesser, Mark Quigley, Laura Elphinstone, Ed Sheeran, Richard Brake, Aisling Franciosi, Robert Aramayo

Un paraje helado. Oímos una puerta metálica elevándose, dando paso a unos jinetes vestidos de negro. Este comienzo, como todo lo demás, ya es historia de la televisión, y aunque existe un sector de la crítica y del público que sistemáticamente le han dado la espalda, o incluso es fehaciente el caso de muchos de los que durante años la siguieron con veneración que en sus dos últimas temporadas decidieron atacarla sin piedad, es muy difícil no considerar, algo mas de un año después de su final, a ‘Juego de tronos’ como una de las series más importantes de la historia, y esto por muchos motivos. Aún es complicado augurar hasta qué punto esta fastuosa producción ha cambiado la televisión (y el cine, para qué engañarnos), cuál va a ser el alcance de su influencia (tanto en lo estético como en lo icónico), o si realmente va a perdurar, pero ya podemos empezar a verter comentarios críticos algo más cohesivos, sensatos y ponderados sobre esta creación de David Benioff y D.B. Weiss sobre las famosas novelas de George R.R. Martin, que confieso no haber leído (quizá algún día lo haga…), aunque no creo que sea necesario para escribir las siguientes líneas.

Calificada por muchos con la etiqueta un tanto perezosa y equívoca de “fantasía medieval”, quizá sería más adecuada la expresión “drama psicológico de espada y brujería”, o incluso versión oscura de ‘El señor de los anillos’, pero poco importa. Sea como fuere, la Arcadia HBO llevaba mucho tiempo esperando dar en el clavo con una superproducción, y echó el resto en una primera temporada que convenció a propios y extraños, con un fastuoso diseño de producción, un reparto muy cuidado y una escritura de raza que, a grandes rasgos, seguiría temporada por temporada la senda de los cinco libros publicados hasta la fecha, si bien en cuanto quedó claro que el siguiente volumen de la saga tardaría bastante en ver la luz, decidieron seguir por libre y concluir la serie como mejor pudieron, ya sin la guía de Martin y con los fans más puristas siempre pendientes de cualquier incongruencia o bajada de calidad en la serie, ya convertida en un fenómeno de masas y en un acontecimiento mundial. No ha existido nada parecido a ‘Juego de tronos’ (‘Game of Thrones’, 2011-2019) en cuanto a impacto mediático, y poco les ha importado a los ejecutivos los pataleos y las quejas de sectores amplios de fanáticos que, a fin de cuentas, sólo representaban una parte proporcional del inmenso caudal de espectadores que llegaron a concitar en cada episodio. Ocho temporadas de traiciones, guerras, venganzas, asesinatos despiadados, mucho sexo, mucha sangre, unas cuantas dosis de malevolencia, y no pocas sorpresas y muchísima épica, que hicieron palidecer casi cualquier estreno de aventuras o fantasía en estos últimos años.

Toca, por tanto, comentar la serie en su totalidad, valorando sus ocho años y setenta y tres episodios con la mayor profesionalidad posible, aportando además algo de luz a un fenómeno tan mediático y que tanto fanatismo (y tanto rechazo) ha suscitado. ‘Juego de tronos’ ha marcado invariablemente la década pasada. Pero, ¿realmente merece la pena? se preguntarán muchos, ¿es una serie que en verdad puede competir en calidad narrativa y estética con las más grandes de la historia? A ambas preguntas supongo que la respuesta más honesta es que sí. Pero, ¿es una serie excelsa, sin fallo alguno, sin episodios menores, que merece tanta atención por parte de la masa de espectadores? No sé si merece atención o no, pero es evidente, al menos bajo mi punto de vista, que no es una serie perfecta, y que si la ponemos al lado de las primeras cimas que nos vengan a la memoria (‘The Sopranos’, ‘The Wire’, ‘Deadwood’) está bastantes peldaños por debajo, pero no es, ni muchísimo menos, una mera aventura, un mero pasatiempos con el que divertir al espectador menos exigente. Es una serie muy inteligente y llena de grandes valores cinematográficos, que en sus mejores momentos llegó a cotas muy altas de excelencia formal y que, dentro de su clase, fantasía de aventuras o drama de espada o brujería, o como diablos se la quiera clasificar, está entre lo más grande jamás realizado, por ambición conceptual, por épica y por grandeza visual.

A grandes rasgos podría decirse que ‘Juego de tronos’ es la historia de los cinco hijos de la casa Stark (Robb, Sansa, Arya, y los pequeños Bran y Rickon), los regentes de las tierras de Invernalia (Winterfell), además del hijo bastardo Jon Snow (que el rey Eddard Stark tuvo, según cuenta él, con una plebeya desconocida, y que se llama Snow porque todos los bastardos de este mundo se apellidan así), además de un hijo que no es ni legítimo ni bastardo (Euron Greyjoy) pero que casi han educado ellos, aunque es el heredero de la casa Greyjoy, regentes de la isla de Pyke aunque se creen señores de todos los mares. Cuando el rey de los siete reinos, Robert Baratheon, acuda a Eddard Stark para convertirle en su Mano (así se llaman los consejeros jefes de la casa real), todo empezará a complicarse, y los cinco hijos, más el bastardo y el “adoptado”, iniciará cada uno un largo periplo por separado (salvo los pequeños Rickon y Bran, la mayoría no volvera a verse y muchos hasta la séptima u octava temporada), y se iniciará una guerra por el trono de los siete reinos (llamado el trono de hierro) entre los Lannister, los Stark, los Baratheon e incluso los Targaryen, en la solitaria figura de Daenerys, desterrada lejos de ese continente, y que también iniciará un lento pero firme camino hacia el trono pues se considera la legítima heredera, al haber sido su padre asesinado por los Lannister. Todo ello sin dejar de tener en cuenta que en las tierras heladas del norte, más allá del muro de hielo, se rumorea que están volviendo los caminantes blancos, una especie de zombis helados dirigidos por el rey de la noche (ver imagen arriba del todo) que quieren acabar con la civilización del hombre…

En suma, un ingente material narrativo que los guionistas manejan con inusual maestría y singular solvencia, con decenas de personajes, entre principales, secundarios y recurrentes, con varias líneas narrativas que desarrollar (aunque podríamos decir que hay tres, los hijos por una parte contra los Lannister, Jon Snow en sus aventuras por el norte helado contra los caminantes, y Daenerys Targaryen en su odisea por reunir un ejército y regresar al continente (que a veces, en sí misma, parece otra serie paralela), líneas narrativas que conflluyen, se entremezclan y se interrumpen unas a otras, lo que requiere una solidez en la escritura y una organización de las secuencias muy elaborada que nunca, o casi nunca, se viene abajo, en esta intriga en la que cuando no hay batallas (que son poco frecuentes), hay asesinatos en las sombras, terribles e inesperadas traiciones, alianzas rastreras, sin olvidarse jamás de los dramas personales de cada uno de los personajes, en decenas de localizaciones diferentes (Winterfell, Pentos, el Desierto Rojo, Desembarco del Rey, el Muro, la isla de Pyke, Aguas Dulces, Bastión de Tormentas, Nido de Águilas, y un largo etcétera), lo que podría haber dado lugar a un estomagante batiburrillo de situaciones, secuencias, eventos, personajes… pero en lugar de eso el espectador obtiene una estructura sólida, hábil, resuelta con sencillez y eficacia, lo que ya es indicio de lo en serio que se tomaron la escritura de este portentoso guion.

Por otra parte, puede considerarse a la serie casi como una producción británica, pues el grueso de sus actores (salvo contadas excepciones como el enano Peter Dinklage y muy pocos más) son británicos o irlandeses, y en realidad este Poniente parece quizá un hipertrofiado Reino Unido, en realidad un Reino Desunido, cuyas intrigas por el poder, cuya corrupción, es un fiel reflejo de la sociedad de hoy día, un espejo en el que pueden mirarse casi todas las naciones que en el mundo han sido. Los actores, prácticamente todos, están soberbios, aunque es imposible no constatar la diferencia de nivel entre los más impresionantes de ellos (Lena Headey, Peter Dinklage, Sean Bean, Charles Dance, Iain Glen), y los más flojos (Kit Harington, Emilia Clarke) que precisamente encarnan a los personajes supuestamente más icónicos de la historia, nada menos que Jon Snow y la madre de dragones Daenerys Targaryen, pero incluso estos actores menos dotados que sus grandes colegas cumplen su función con eficacia, y podemos hablar de uno de los repartos corales más perfectos (por su enormidad, por su variedad), que se recuerdan, porque además aunque se trata de una historia enorme que básicamente cuenta la guerra por la obtención del trono de tronos, la serie se detiene cuando hace falta para contar las pequeñas historias, miserias y anhelos de prácticamente todos los personajes con frase, lo que ya es un alarde de estructura y un esfuerzo por hacerlos humanos, nunca de una pieza, sino con aristas emocionales y psicológicas que son muy de agradecer, sobre todo en una monstruosa superproducción como esta.

Y como no podía ser de otra manera, la serie abunda en momentos épicos, porque hay pocas batallas o momentos realmente culminantes, pero cuando los hay les dan mil vueltas a productos como ‘El señor de los anillos’ de Peter Jackson o las batallitas de ‘Braveheart’. HBO se propuso elaborar el espectáculo televisivo más grande que el mundo ha conocido, y lo consiguió, con impresionantes logros como la Batalla de los Bastardos, o el largo capítulo, casi una película en sí misma, de la Batalla de Invernalia, en la que toda la fantasía oscura de la serie brilla a gran altura, con un sentido operístico, con una capacidad visual, que ya quisieran muchas grandes películas de Hollywood. Porque ‘Juego de tronos’ concilia muchos elementos, y casi todo lo hace bien, aunque es cierto que en una serie tan intensa (aunque no demasiado larga, pues tiene 10 episodios por temporada, y siete en la penúltima, y seis en la última) muchos pueden sentir que desconectan en determinado momento, y que la multiplicidad de líneas narrativas, por muy bien armada que esté, puede llegar a cansar, sobre todo porque el periplo de los hijos supervivientes es realmente denso, y no todos son igual de apasionantes. Es esta una serie que exige verse desde el principio para entender todo lo que sucede, ya que en realidad es una larga cadena de causas y consecuencias, y en realidad estoy de acuerdo con los que creen que una vez rebasado el argumento de los libros existentes, la calidad de la escritura se resintió (si bien no tanto como insisten sus más furibundos seguidores), y que la capacidad de sugestión de cada una de las pequeñas historias descendió, con algunas soluciones un tanto deus ex machina, y con giros y sorpresas un poco cogidas por los pelos. Pero nada de todo eso empaña una impresionante labor de construcción dramática y una solidez narrativa que ya quisieran muchas series.

Para intentar resumir, diremos que por supuesto ‘Juego de tronos’ es una serie con sus luces y sus sombras, pero que sus luces pesan mucho más que sus sombras, y que en conjunto es un trabajo narrativo de gran nivel, con una producción de primerísima división, con una clase en la puesta en escena y en la dirección de actores que casi nunca desfallece, y que consigue contar una enorme historia de una forma apasionante, con un final muy polémico que en realidad no podría haber sido otro, y con una conclusión que deja un poso amargo en el paladar, pero también con la sensación de haber visto un pedazo de historia de la televisión, unas cuantas brillantísimas horas de sangre y vísceras, de pasiones y traiciones, de épica y de fantasía siniestra, que además logra erigirse en un espejo de las corrupciones y las ansias de poder de nuestra realidad cotidiana. Una creación muy notable que en mi opinión va a perdurar, y se va a convertir en la piedra de toque de producciones similares de las próximas décadas.

Puntuación final: 8,5

8 comentarios sobre “Juego de tronos (Game of Thrones) ★★★★

  1. Completamente de acuerdo, es una serie notable con sus luces y sombras (las menos). Creo que el gran lastre son las actuaciones de Kit Harington y Emilia Clarke, especialmente esta última que me parece pésima. No me creo su relación, me resulta fría, artificial. De igual modo cuando se supone que ella ha de ser una amenaza, una figura a la que temer, a mí, sinceramente me da la risa. Un pero importante por el peso del personaje. Por lo demás una serie para la historia.

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