Mientras agonizo (As I Lay Dying) ★★★★★

Autor: William Faulkner – Año de publicación: 1930

William Faulkner escribió diecisiete novelas, una obra de teatro (‘Requiem for a Nun’), más de un centenar de relatos recogidos en varias colecciones, un libro de poemas algunos ensayos y varios guiones cinematográficos. Teniendo en cuenta los avatares de su existencia, la escasa repercusión económica de sus ficciones y la brevedad de su vida (falleció a los sesenta y cuatro años tras una caída de un caballo que aceleró sus no pocas dolencias), podemos hablar de una obra bastante prolífica. Su época de mayor esplendor, y muchos están aquí de acuerdo, sobre todo por la intensidad en obras maestras y la fluidez con la que publicaba títulos, fueron los años treinta del pasado siglo. En esos años turbulentos, de búsqueda, de frenesí creativo, firmó siete obras maestras. La pieza catedralicia, la que asentó las bases de su mirada, de su estilo, la que le hizo ingresar en la gloria literaria, fue ‘El ruido y la furia’, y la más densa y compleja, la más exigente y arrebatada, fue ‘Absalom, Absalom!’. Entre ambas firmó la que para muchos es el colmo de la perfección, una experiencia literaria como muy pocas han visto la luz en el siglo XX, su quinta novela, titulada ‘Mientras agonizo’ (‘As I Lay Dying’), publicada el 6 de octubre de 1930 y que muy pocas personas, en aquel entonces, llegaron a leer.

Contaba el novelista que una de las actividades, como creador, que más le gustaba llevar a cabo y que consideraba esenciales para cualquier novelista, era escuchar a la gente. Participando en conversaciones ajenas, o simplemente manteniendo silencio ante las palabras de los demás. Decía que así había aprendido mucho mejor que cualquiera de sus coetáneos la forma de hablar de sus vecinos y conciudadanos, y que además podía acceder a historias, a relatos reales o enriquecidos con el habla, que su mente jamás habría imaginado. Puede que mucho de eso haya en ‘Mientras agonizo’, que para Harold Bloom era la novela estadounidense más original del siglo XX y para otros es sencillamente la confirmación de su genio. Tras el grandioso triunfo estético de ‘El ruido y la furia’, que había transformado para siempre la faz de la novela moderna, Faulkner se propuso otra tragedia familiar, pero de tintes un tanto más bíblicos, un tanto más negros, aunque igualmente descorazonadores, implacables con el lector. Otra historia de blancos pobres (white trash los llaman allí), esta vez enfrentados al cumplimiento de una promesa, atados por la palabra dada a un cadáver.

Ya habían tenido lugar, en el siglo XX, las cimas de ‘La montaña mágica’, ‘En busca del tiempo perdido’, ‘La señora Dalloway’, ‘La conciencia de Zeno’, ‘Ulysses’… Faulkner superó a algunas de ellas con esta obra maestra universal, en la que nos narra una odisea a la vez patética y grandiosa, absurda y emocionante, pasmosa e inolvidable: la tragedia de los Bundren, cuya figura materna fallece en las primeras páginas de la historia (algo que el salvaje Jewell jamás perdonará a Darl… aunque Jewell odia a todo el mundo menos a su caballo…), y cuyo monstruoso marido, ahora viudo, obligará a la familia entera a llevar el cadáver desde su hogar hasta Jefferson, a muchos kilómetros de distancia, para que repose con su familia. Así, Anse Bundren se verá acompañado de sus cinco hijos (Darl, Jewell, Cash, Dewey Dell y el pequeño Vardaman) en una odisea (el título está tomado, y no por mero capricho, de un diálogo de ‘La Odisea’ de Homero pronunciado por Agamenón a oídos de Ulises) en la que los elementos de la naturaleza (el agua, el fuego, la tierra, el viento) tomarán protagonismo esencial. Nueve días tardarán en llegar a su destino, con el cadáver pudriéndose en el ataúd que llevan a bordo de la carreta.

¿Cómo narra Faulkner esta historia inolvidable? De una manera insólita: a través de 59 capítulos no numerados que son los monólogos interiores de 15 personajes, entre ellos los Bundren, incluida la madre ya muerta ¿Por qué esta polifonía? Porque con ella Faulkner puede regalar al lector una sensación de realismo absoluto, en una abstracción en la que su voz se difumina, desaparece tras las voces de sus personajes narradores, y él, poseído por ellos, escribe a través de sus mentes, y el lector, asombrado, puede acceder a los pensamientos de seres que están tan vivos, son tan luminosos y oscuros como él mismo. Faulkner, al hacer desaparecer su voz de narrador, al ceder la narración enteramente a sus personajes, obra la alquimia de que el lector se convierta en los personajes, en todos ellos, en cada uno de los monólogos, convirtiendo a la literatura en algo más que un mero cuentacuentos, alcanzando lo sublime al proponerse a sí mismo una temeraria estrategia narrativa, saliendo triunfante de ella en cada uno de sus elementos.

Este novelista en realidad pretendía, quizá sin saberlo, reescribir ‘La Biblia’, siendo él agnóstico convencido, pero admirador de la fuerza poética de ese texto. Al mismo tiempo, quería hacer suya la épica de los clásicos, su ancestral sabiduría en el retrato de la naturaleza humana. Por suerte, poseía una extraordinaria prosa capaz de aunar ambos espíritus. Lo logró con creces, en su configuración del paisaje ficticio y al mismo tiempo muy parecido a su Oxford, el famoso condado Yoknapatawpha, escenario de la mayoría de las obras maestras de este poeta atormentado, de este solitario descontento con lo grisáceo del mundo real, dispuesto a dibujar con su fértil imaginación las pasiones de sus vecinos con colores más vívidos, con un aliento más lírico de lo que le ofrecía la vida.

‘Mientras agonizo’ es un viaje físico, pero sobre todo es un viaje moral, un itinerario casi suicida cuyo destino es la locura, el odio, el desamparo y la mezquindad humana. No hay salvación, nos asegura Faulkner. No hay amor. No nos queda sino regocijarnos con las fuerzas de la naturaleza, con lo efímero de la vida, con lo absoluto de la muerte, con la ironía de la existencia. La familia es el eje de la perdición final, el ancla que nos lleva a la destrucción. Y la lucidez es la condenación, es una caída libre a un éxtasis vacío, sin forma, en el que ni siquiera el genio puede salvarse ni salvar a nadie. Pero ‘Mientras agonizo’ es también un extraño, subterráneo grito de esperanza. Si unos condenados como los Bundren, si unos pobres diablos como ellos pueden aspirar a la catarsis, pueden soñar con cierta clase de redención por el pecado de haber aparecido en el mundo y ser conscientes de sí mismos, entonces quizá nosotros también podamos. Y quién sabe, alguno podría llegar a conseguirlo.

Esta novela inolvidable es, además, un buen comienzo para todos aquellos que decidan acercarse a este novelista. No es tan exigente como ‘El ruido y la furia’, ni tan intrincada como ‘Absalom, Absalom!’. Pero tampoco deberían creer que van a salir de ella indemnes. Faulkner era uno de esos artistas capaces de tocar zonas de nosotros mismos que ni siquiera sabíamos que existían, y después de saberlo, y de observarlas con detenimiento, es probable que hubiésemos preferido mantenerlas en la sombra.

Puntuación final: 10

19 comentarios sobre “Mientras agonizo (As I Lay Dying) ★★★★★

  1. Bueno a ver ….no se si leerla porque si pretende tocarme según que zonas, no se yo…..aunque me las conozco todas siempre un americano puede sorprenderte por supuesto, por cierto hay versión en película denominada el ultimo deseo que creo segun he leido

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  2. Bueno no había acabado y esto ha saltado, que la peli que se llama creo el último deseo es bastante mala y no recoge bien el mensaje y el contenido de Faulkner, yo voy acumulando y el libro virtual ya me lo he agenciado, porque no he leído nada de este señor y me estoy acomplejando.

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  3. Tengo en casa El ruido y la furia, Mientras agonizo, Santuario (el único suyo que he leído) y Absalom, Absalom! Sé que le debo más atención y ponerme con él en serio, pero necesito tener la energía intelectual necesaria para abordarlo. Tengo que tener las pilas cargadas para dedicarle todos mis esfuerzos; Faulkner se lo merece.
    Te diré, seguro, cuando empiece con algo suyo. Estoy seguro de que me va a impresionar…

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    1. Buenas, colega!

      A ver si llega la respuesta, que me está dando error el wordpress. Te decía que la mejor es la de Anagrama, porque es más barata que la de Cátedra y parte del manuscrito original.

      Era agnóstico en realidad, y para él La Biblia era una inspiración narrativa. De hecho, tal como apuntó el pesado de Harold Bloom, su obra puede describirse como una reescritura de textos bíblicos…

      Pues espero tus comentarios de esta novela, my friend!

      Un abrazote grande!

      Le gusta a 1 persona

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