La montaña mágica (Der Zauberberg) ★★★★★

Autor: Thomas Mann – Año de publicación: 1924

Los primeros cinco años de la tercera década del siglo XX fueron especialmente relevantes para la novelística, con la aparición de una serie de títulos fundamentales, que cambiarían para siempre la narrativa. Han tenido lugar otros lustros insignes, por supuesto, pero pocos como este, si consideramos que se publica el tercer volumen de ‘En busca del tiempo perdido’ de Proust en 1920-21, el ‘Ulysses’ de Joyce en 1922, ‘La conciencia de Zeno’ de Svevo en 1923, y por fin ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann en 1924. Es decir, un compendio de obras maestras estéticas difícilmente equiparable a otro momento histórico.

A la estética de los celos sexuales de Proust, a la enorme influencia del psicoanálisis en Svevo, al crudo expresionismo y a la compresión y estiramiento del tiempo de Joyce, Mann opone otra cosa muy distinta pero también revolucionaria: un microcosmos completo en ese sanatorio transalpino, una poética que detiene el tiempo y lo hace trizas, un ensayo erudito sobre la naturaleza humana y su cultura, a través de mil páginas apasionadas en las que acompañamos al joven hamburgués Hans Castorp en los siete años que vive en ese sanatorio, primero visitando a un amigo y luego él mismo enfermo, y en su amistad con dos personajes extraordinarios: el idealista Lodovico Settembrini (acaso un alter-ego del propio Thomas Mann) y el extremista y de ideas totalitarias Leo Napthta.

Ambos personajes, Settembrini y Naptha, son la gloria final de la novela, su mayor logro y la marca del verdadero alcance como novelista de Mann. No son ideales o fantoches de una postura política, son seres humanos completamente vivos, vibrantes y eufóricos, cada uno a su manera. Su duelo verbal, su encontronazo ideológico, que toma como rehén insospechado al mucho más pasivo Hans Castorp, es el núcleo, la médula de ‘La montaña mágica’, y sus fervorosos diálogos intelectuales están entre lo más sublime que nadie escribió en el siglo XX. A su lado me temo que incluso los juegos psicoanalíticos de Svevo se quedan en poca cosa, y el gran Joyce parece palidecer, en el inmenso y genial palimpsesto de ‘Ulysses’, en cuanto a sapiencia.

Porque Thomas Mann fue uno de los hombres más eruditos y sobre todo más sabios (no es exactamente lo mismo) del siglo XX. A su producción narrativa alternó una fecunda entrega a lo ensayístico. Era un intelectual poderoso, y como tal escribía novelas intelectuales. En el momento de la publicación de esta ambiciosa y sublime ‘La montaña mágica’, Mann ya había parido ‘Los Buddenbrook’ y la novela corta ‘La muerte en Venecia’, y después aún le quedaría por alumbrar nada menos que ‘José y sus hermanos’ y su ‘Doktor Faustus’. Algunos críticos han aludido a su reprimida homosexualidad para dar cabida a una mayor profundización en la creación de sus personajes, y quizá algo de cierto haya en eso, pero sobre todo, a mi entender, pivota en su obra la preocupación de la deriva cultural e intelectual del ser humano en una Europa devastada por dos guerras mundiales y sin visos de enderezar un camino de totalitarismos y sin brújulas ni guías morales ni estéticas.

Su sanatorio en la novela es una metáfora perfecta de una Europa herida, insomne, estupefacta por el horror de la Primera Guerra Mundial y el ascenso de peligrosas ideologías. Pero también abunda en el gusto de este autor en el decadentismo, tanto material como moral, cristalizado en el fascinante Settembrini, y su temor a que algunas ideas nobles y bienintencionadas terminen en tiranías, todo ello ejemplificado en el bestial y astuto Naphta. El tiempo se detiene en larguísimos y extraordinarios diálogos en los que se habla de política, de sociedad, de estética, de filosofía. Europa y su deriva parece así lejana y al mismo tiempo dolorosamente cercana, como un espejismo al que los personajes se verán obligados a regresar, tarde o temprano, lo quieran o no.

Muchos pueden ver el tomo, bastante macizo, de cualquier edición de esta novela incomparable, y sentirse atemorizados, creyendo que se trata de un tocho intragable, denso y de difícil (además de interminable) lectura. Pero la lectura de ‘La monta mágica’ se revela luminosa, sencilla, abierta. No hay en su maravillosa prosa ni un asomo de escarpada composición, no existe en su narración absolutamente nada que sobre ni que falte. ‘La montaña mágica’ es , digámoslo ya, una obra maestra de la cultura de todos los tiempos, en la que se funde humanismo, cultura, política, filosofía y sobre todo el latir de unos personajes inolvidables, que una vez que comienzan a acompañarte jamás te abandonan, y por supuesto una novela de obligada lectura para todo aquel que quiera acceder a lo más sublime que se ha escrito en el azaroso y compulsivo siglo XX.

Puntuación final: 10

9 comentarios sobre “La montaña mágica (Der Zauberberg) ★★★★★

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