La cosa (The Thing) ★★★★★

Dirección: John Carpenter
Guion: Bill Lancaster (sobre la novela de John W. Campbell)
Intérpretes: Kurt Russell, Wilford Brimley, Keith David, David Clennon, Richard Dysart, Donald Moffat, Richard Masur, T.K. Carter, Charles Hallahan, Peter Maloney, Joel Polis, Thomas G. Waites

La carrera de John Carpenter es, en cierto sentido, una de las más fulgurantes y sorprendentes de las últimas décadas en el seno del cine estadounidense, y a la vez una de más paradójicas y de las más aciagas. Su trayectoria oficial comienza con varios cortometrajes que dirige como anticipo a sus futuros proyectos, y su colaboración en otro corto, ‘The Resurrection of Bronco Billy’, de su amigo James R. Rokos, que gana el Oscar a mejor corto del año, y en el que él compone la música, coescribe y el guion y es partícipe del montaje. Más allá del premio, ese trabajo da fe, a muy temprana edad, de la versatilidad de un cineasta que debutaría en el largo con veintiséis años, con la muy barata y también muy apreciable ‘Dark Star’ (1974), una fantasía de sci-fi que acaso serviría de muy precoz borrador para que su guionista firmara cinco años después el libreto de ‘Alien’ (1979).

Esa juventud, esa versatilidad y ese hambre, que luego fue desplegando en sucesivas películas, parecían asegurar una carrera larga y prolífica para un director que conocería un éxito clamoroso con ‘La noche de Halloween’ (‘Halloween’, 1978), apenas cumplidos los treinta años, pero tal promesa se vino abajo estrepitosamente por dos razones: el inconformismo del joven talento y el estreno de su obra maestra, ‘La cosa’, en 1982, que si bien no fue el sonado fracaso que algunos ahora aseguran, no cubrió ni por asomo las expectativas económicas ni el impacto mediático que se le suponía, y marcó para siempre el futuro devenir de este narrador superdotado, porque si bien la hipócrita industria estadounidense está dispuesta a perdonar a algunos rebeldes, no tiene piedad de ellos si además se muestran poco fiables en taquilla.

Resulta casi irresistible efectuar el ejercicio de poner en paralelo las carreras de Steven Spielberg y John Carpenter, y todo lo que ellas representan, sobre todo porque algunos títulos concretos parecen la antítesis el uno del otro, y si a la saga aventurera de Indiana Jones podemos oponer las sórdidas y muy contestatarias andanzas de Snake Plissken (verdadero alter-ego del director), es inevitable anteponer a la espeluznante ‘La cosa’ el melodrama bienintencionado que fue ‘E.T.’ (1982), a la sazón estrenada un par de semanas antes y un clamoroso éxito de taquilla. Pero más allá del éxito popular, ambos títulos son el epítome de una manera de entender el cine y la narrativa: entregando al espectador un espectáculo con el que irse a su casa contentos y sintiéndose bien consigo mismos, o bien proponiéndole una experiencia extrema, una pesadilla no solamente física sino también psicológica, que no da respuestas fáciles (de hecho no da ninguna respuesta) y que obliga al receptor a hacer los deberes.

La carrera de Spielberg ha proseguido triunfal durante otras cuatro décadas y la de Carpenter se estancó de forma paulatina e irreversible, y en los últimos veinte años sólo ha estrenado un título. Sin embargo estoy casi seguro de que Spielberg no ha firmado una sola obra maestra absoluta (aunque en su dilata filmografía existen no pocos títulos muy notables, pese a las facilidades que a menudo se da a sí mismo) y Carpenter, bajo mi punto de vista, ha firmado tres, la primera de ellas este inolvidable, sanguinario, espeluznante show de horror puro, un verdadero hito del género, remake y al mismo tiempo adaptación muy personal del material original de John W. Campbell, esta vez escrito por el hijo e Burt Lancaster, Bill Lancaster, aunque siempre con un ojo puesto en la ciertamente naif pero estimulante película de 1951, ‘El enigma de otro mundo’ (‘The Thing From Another World’). ¿Cómo no hacerlo, cuando su director no acreditado fue Howard Hawks, verdadero gurú de Carpenter y héroe a emular? Dice Carpenter que todos sus filmes son en realidad westerns, y tiene mucha razón.

Los miembros de una estación estadounidense en la Antártida verán interrumpida su tediosa rutina cuando irrumpa en su campamento un perro, un alaskan malamute, perseguido por un helicóptero pilotado por miembros de un campamento noruego vecino. Las primeras imágenes ya establecen el tono y el tempo, el estilo visual y la elegancia narrativa de esta portentosa película. Con el famoso latido inicial de la música de Morricone (¡que casi parece una música elaborada por el propio Carpenter, compositor habitual de sus propias películas!), y los parajes nevados del continente helado, asistiremos a una extraña persecución cuyo final en la estación quizá habría sido diferente si algunos de sus miembros hubiera entendido el idioma noruego… O quizá no, porque desde el principio de la historia se instala un fatum irrevocable, que aboca a los personajes a una lucha sin esperanza por la propia supervivencia y en última instancia por la supervivencia de toda la humanidad.

Porque la criatura que propone Carpenter y su equipo es muy diferente a la del filme de 1951. En esta ocasión, se trata de un ser capaz de pervivir incluso en una gota de sangre, y de clonar las células de cualquier ser vivo, hasta replicarle incluso en su memoria y su personalidad, por lo que sólo pueden vencerle de forma definitiva con el fuego, pero puede replicarse en varios individuos a la vez, y así es capaz de infectar al planeta entero y hacerse con él sin oposición. La única posibilidad de victoria surge del azar: su nave estelar se estrelló en el hielo hace miles de años, y ahora que ha despertado el grupo de compañeros ha de hacer lo imposible por contenerle en ese hielo del que no debe salir definitivamente. Pero entre esos mismos compañeros, casi desde el principio, se instalará por tanto la lógica desconfianza, pues nunca sabrán (hasta que la criatura no se manifieste en toda su crudeza) quién de ellos está infectado o quién es todavía humano. Por lo que ‘La cosa’ es un formidable estudio de personajes y casi un ensayo sobre la paranoia.

En ‘La cosa’ la carne, los cuerpos, la sustancia de la que están hechos los seres vivos, resulta maleable, dúctil, expuesta en toda su esencia, en todas las posibilidades de combinación y sin el menor prejuicio a la hora de mostrar vísceras, cartílago y aberraciones. No es una película para estómagos delicados, desde luego, pero asombra por la elegancia y la contención de su puesta en escena. Se ha hablado mucho de las tomas de steady-cam de Kubrick en ‘El resplandor’ (‘The Shining’, 1980), pero poco de la potencia expresiva de esas tomas en esta película, que casi parecen anticipar el desastre y la pesadilla a la que se enfrentará este grupo de personajes (más de una docena), todos ellos con personalidades definidas. De nuevo es otro grupo de personalidades masculinas tan del gusto de Carpenter, enfrentados a un horror que les supera y que pondrá a prueba su compañerismo y sus capacidades.

Carpenter se divierte llevando al espectador a donde él quiere, sin soltarle ni un solo momento. Gracias a un sentido prodigioso de la elipsis, nunca sabremos del todo quién está infectado, ni cuando se infectó, y ni siquiera estaremos seguros del atribulado protagonista, MacReady (al que da vida un gran Kurt Russell), quien ya desde el principio de la historia parece estar de vuelta de todo y que encontrará en esta pesadilla, quizá, la mejor manera de demostrar su verdadera personalidad. Porque esto es una pesadilla. La famosa secuencia de la transformación del malamute en la perrera es uno de los momentos más terroríficos de la historia del cine, así como la inolvidable secuencia de la reanimación con paletas. Todo ello con criaturas y transformaciones a cámara, muy lejos de la fría CGI actual, con unos efectos especiales sencillos pero muy creíbles. Son secuencias que se te quedan grabadas en la retina para siempre, y que están configuradas, como todo el metraje, para crear un aplastamiento anímico insoslayable en el espectador. Aquí no hay finales felices.

Dicen que John Carpenter lleva cuarenta años muriéndose del cáncer de piel que contrajo de tanto filmar con el sol reflejándose contra la nieve, además de su fracaso crítico y de público. Hay películas que son una verdadera maldición para sus creadores, pero que son un tesoro inapreciable para miles de cinéfilos que saben perfectamente que se trata de una joya imperecedera.

Puntuación final: 9,5

12 comentarios sobre “La cosa (The Thing) ★★★★★

  1. Del sol hay que protegerse, pero supongo que en la nieve ya debía de hacerlo porque haría fresquito, en cualquier caso los cánceres son como muy traidores y cuando han de salir salen por una cosa o por la otra, muy bien explicada la peli, así ya estoy avisado y no pasaré tanto miedo cuando la vea, Un saludo.

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